Dos amigos se encuentran y, sobre la segunda cerveza, uno le dice al otro:
-¡Que locura de tráfico! He leído esta mañana en el periódico que en Nueva York se atropella a una persona cada catorce segundos.
El que recibe la información se queda altamente impresionado y le responde:
-Efectivamente, ese hombre al final del día, después de tantos atropellos, debe quedar hecho “un higo”.
No se si la noticia es cierta o solo el soporte de un chascarrillo. Pero, verdad que sería impresionante tener tan mala suerte, y que el individuo tan desafortunado si habría salido en la prensa, habría sido entrevistado en casi todas las cadenas mundiales, vamos que disfrutaría, a su pesar, de esos quince minutos de gloria que nos tiene vaticinados Andy Warhol a todos. Creo que estamos de acuerdo. Sin embargo, los varios cientos que si sufren esos atropellos, las decenas, quizás cientos, de miles que son atropellados en calles de Manhattan o en las del pueblo más recóndito de nuestro planeta, no son noticia. Muchos mueren y otros salen indemnes de accidentes terribles. La noticia se limita al entorno familiar.
Bueno, ¿a que viene todo esto? Me llaman la atención los factores que hacen que la prensa haga trascendente un suceso o popular a un personaje, me choca las razones por las que somos sensibles o no a un dolor ajeno, me sorprende con la tranquilidad con la que asumimos los fallecidos durante un período en accidente de trafico en contraste con la “impresión social” que provocan los fallecidos en accidentes de aviación.
Fuera del entorno familiar, algunos fallecidos son de cartón-piedra, decorado de nuestra vida, otros se convierten en cercanos por la acción de los medios, salen del fondo opaco y nos acercamos a su entorno, conocemos sus vidas y participamos de su tragedia.
Pero si este cambio de escala en el reconocimiento del dolor en función de la aplicación, o no, de la lupa de los comunicadores sobre los accidentes o los sucesos se me hace llamativo, mucho más me lo parece la pasión colectiva con los héroes deportivos o los populares/famosos fabricados. Modelos sociales de la nadería, dolor categorizado, personajes de mérito inexplicable. Mezclo unas cosas y otras en añoranza de una sociedad más de corrala, de personas y conocidos con nombre, dos apellidos y mote familiar y, sobre todo, de sentimientos más cercanos, sin intermediarios.
¿Saber o conocer?, que cada uno se lo haga mirar y decida si acercarse al dolor de un cercano antes (o a la vez) de echar una lagrimita sobre una primera plana. Más fácil, échale un vistazo a las emociones y regates de unos infantes ante un balón de futbol o las inquietudes de un quinceañero (chica o chico) de la familia, refrescaran mucho más a ese ser humano que llevamos dentro que un par de horas de tele viendo a desconocidos ganarse el sueldo a pelotazos o a vocingleros insultándose a costa de vividores con los que no compartiríamos ni un minuto de nuestras vidas.
Barceló
Esta en el Caixa Forum de Madrid. Recomendable un paseo primaveral a ver su exposición, aunque sólo sea para fotografiar su elefante en equilibrio sobre la trompa.
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