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Es un hecho que, poco a poco, nos estamos cargando el planeta. Ya sea intencionadamente o sin quererlo, cada día aumentamos el número de especies en peligro de extinción, dañamos un poco más la capa de ozono, vertemos líquidos tóxicos sobre el mar… La última alarma que ha saltado tiene que ver con el mundo animal. Los cazadores de ballenas intentan que se legalice la caza comercial de estos animales, en una reunión de la Comisión Ballenera Internacional que ha tenido lugar el mes pasado en Marruecos.
Como siempre en estos casos, hay una fuerte repercusión mediática y ciudadana en este asunto. La organización Avaaz se ha puesto en marcha para frenar este acuerdo reuniendo firmas de los ciudadanos comprometidos con esta causa (https://secure.avaaz.org/es/whales_72hrs_left/?fp). Su intención es reunir a 1.500.000 personas para intentar convencer a los gobiernos de que voten en contra de esta posible reforma de la ley.
De hecho, desde esta organización se han puesto en contacto con el Ministro de Medio Ambiente Australiano, Peter Garret, quien afirmó que “queremos ver el fin de la matanza de ballenas en nombre de la ciencia”.
Sin embargo, países como Japón han propuesto ante la CBI (Comisión Ballenera Internacional) incrementar su cuota de cacería, en función de un supuesto programa de “investigación científica”. Pero se ha comprobado que esto no es del todo cierto. De hecho, un artículo del británico The Sunday Times ha revelado que el país nipón intenta extorsionar a “pequeñas naciones con dinero y prostitutas” (http://www.timesonline.co.uk/tol/news/environment/article7149091.ece; traducción en http://bioreporte.com/bahia/06/2010/japon-compra-votos-pro-caceria-con-dinero-ayuda-y-prostitutas) para comprarle el voto.
Lo peor de todo esto es que, a pesar de que ahora mismo nos estemos centrando en las ballenas, ocurre lo mismo con otros animales o plantas. Es mucho el dinero que puede mover la matanza de ciertas especies y pocos los valores éticos y morales que tienen ciertos políticos o mandatarios que piensan más en enriquecerse que en proteger el medio ambiente.
El mundo del cine está cada vez más concienciado sobre estos temas. Si hace unos años, el documental Una verdad incómoda ganó el Óscar al mejor documental, este año le ha tocado el turno a The Cove, una película sobre la matanza con violencia de los delfines en una ciudad japonesa. El estreno en una ciudad vecina ha provocado tal escándalo, que un juzgado ha tenido que prohibir las protestas.
Desde Bonding animamos a luchar contra estos males que tanto nos afectan a todos, a que no os quedéis impertérritos antes estas injusticias y os unáis a las buenas causas como ésta.
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