Nuevas Aportaciones | April 2011

Las emociones en los niños, y cómo acompañarles en su proceso de terapia

Escrito por Raquel Bravo

Para poder hacer un buen trabajo emocional con niños, es importante entender de manera inicial qué son las emociones. El siguiente artículo empieza la exploración en el campo de las emociones partiendo desde lo más innato o heredado, hasta llegar a la parte aprendida de las mismas, sumergiéndose en el desarrollo del ser humano desde el estado del neonato a la adolescencia. Destacando la importancia de la inteligencia emocional y cómo el trabajo que hacemos con los niños cambia “la química de sus cerebros”.


Para poder hacer un buen trabajo emocional con niños, es importante entender de manera inicial qué son las emociones. El siguiente artículo empieza la exploración en el campo de las emociones partiendo desde lo más innato o heredado, hasta llegar a la parte aprendida de las mismas, sumergiéndose en el desarrollo del ser humano desde el estado del neonato a la adolescencia. Destacando la importancia de la inteligencia emocional y cómo el trabajo que hacemos con los niños cambia “la química de sus cerebros”.

El enfoque psicoterapéutico incluye trabajar tanto con las “emociones positivas” como con las emociones “negativas”, permitiendo a los niños desde expresar su alegría o su tristeza hasta sacar su rabia o su enfado. Habiendo establecido previamente un buen vínculo con el niño, de manera que se sienta seguro y acompañado en todo su proceso de terapia.

Para finalizar encontrarás algunas de las herramientas de trabajo que se utilizan en sesión individual y/o en talleres de grupo, así como mis reflexiones personales.

Las emociones en términos evolutivos de la especie

Ya Darwin, en 1872, publica “Expresión de las emociones en los animales y en el hombre”, donde señala la similitud tanto en las expresiones faciales como en posturas corporales en respuesta a emociones entre las diferentes especies de todo el mundo. Existe, por tanto, en las emociones básicas una parte innata o heredada de los mamíferos superiores, cuyas expresiones variarán en función de la cultura, sexo, país etc.

En su origen, estas emociones básicas preparaban a los animales ante distintas situaciones, provocando reacciones de ataque, huida etc. Darwin apuntó que en los animales esta manera de expresar tenía una función social, contribuyendo a la supervivencia de la especie.

Cada individuo experimenta, por tanto, una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores y el aprendizaje de situaciones concretas.

Del primer año de vida a la adolescencia

La forma de comunicarse con los padres que encuentran los bebes es a través de la comunicación no verbal. Adquirimos emociones como el miedo, el enfado o la alegría, con apenas meses de vida, y se van haciendo más complejas gracias al lenguaje, mediante el uso de símbolos.

En los niños pequeños, las experiencias emocionales generalmente se producen cuando interactúan con su cuidador, mostrando distrés cuando se sienten incómodos, y experimentando emociones positivas con un abrazo o cuando son alimentados.

Al final de los años preescolares, los niños han ampliado sus repertorios emocionales, incluyendo sentimientos como la vergüenza, y la culpa, convirtiéndose en instrumentos de socialización. Gracias al lenguaje, pueden comunicar sus sentimientos e inhibir la expresión de emociones que son inapropiadas en una situación determinada.

Conforme van creciendo, los niños desarrollan las siguientes habilidades de comunicación:

- De 0 a 3 meses: Miran al adulto, sonríen, vocalizan. Sus capacidades básicas de supervivencia son llorar y succionar.

- De 4 a 6 meses: reconocen el rostro, demostrando afecto u hostilidad. Responden positiva o negativamente.

- De 6 a 7 meses: responden a estímulos insignificantes del rostro. Respuesta facial o vocal. Ante una cara extraña responden negativamente.

- De 7 a 9 meses: reconocimiento y demostración de afecto. Distinguen personas conocidas y extraños, mostrando gestos de inquietud ante los extraños. Utilizan gritos, gestos de la cabeza y brazos para llamar la atención.

- De 10 a 12 meses: comprenden y utilizan el nombre de personas cercanas. Continúan sirviéndose de gestos pero al mismo tiempo utilizan palabras y tienden a repetirlas.

- De 12 a 18 meses: dicen sus primeras palabras y es el periodo del no y de las rabietas.

- A los 3 años: hablan con oraciones simples. Exploración del cuerpo. Pasan de relaciones duales a consciencia de relaciones de tres.

- A los 4 años: Edad de los “¿Por qué?’”. Las preguntas refuerzan el lenguaje y tienen un fin de comunicación. Expresan sus necesidades de independencia.

- De 5 a 6 años: son más reflexivos, más autocríticos. Las preguntas van dirigidas a cómo funcionan las cosas. Comienza la interiorización de los límites y el desarrollo de la autodisciplina.

- De 8 a 9 años: desarrollan la capacidad para memorizar. Socializan y se refuerzan en el grupo de iguales.

- De 11 a 13 años: aparece el pensamiento abstracto. Integran y consolidan todos los aprendizajes hechos y se preparan para los cambios que vienen.

Las seis emociones básicas y la expresión facial de alguna de ellas

Cuando hablamos de las seis emociones básicas, estamos haciendo mención a: Alegría, Tristeza, Amor Horizontal, Miedo lógico, Poder y Rabia.

Cada emoción puede caracterizarse por una expresión facial que facilita que los demás puedan reconocerlas.

Hay emociones, por tanto, que suponen una disminución de la activación del organismo (tristeza) y otras que, por el contrario, implican una gran actividad (alegría y rabia).

La importancia de la educación emocional en los niños

Parece que históricamente se ha tendido a asociar más éxito a aquellos niños más inteligentes. En los últimos años la línea de pensamiento es otra, entendiendo que un CI elevado no tiene porque ir asociado a un buen desarrollo emocional, dando lugar a un nuevo término llamado CE (cociente emocional) que engloba este último concepto.

Poco a poco va tomando más peso que los niños más inteligentes emocionalmente son más felices, tienen más confianza en sí mismos, y obtienen mejores resultados académicos.

Según cita Shapiro en su libro de 1997 “La inteligencia emocional de los niños”, lo más interesante al educar emocionalmente a los niños es que cambiamos “la química de sus cerebros”.

En función de la experiencia personal de los niños, se construye la estructura de su cerebro, “quedando sus experiencias emocionales tempranas literalmente embebidas en la arquitectura de sus cerebros”. En los años preescolares, las crecientes interconexiones entre los circuitos cerebrales hacen que se desarrolle una conducta emocional cada vez más madura.

CÓMO ACOMPAÑAR A LOS NIÑOS EN SU PROCESO DE PSICOTERAPIA PARA QUE APRENDAN A EXPRESAR SUS EMOCIONES

Desde pequeños, hemos aprendido por las respuestas de nuestros padres que había emociones “buenas” y “malas”, es decir, que había emociones que estaba bien expresar y otras que no estaba tan bien hacerlo, porque podían traer consecuencias negativas.

A medida que vamos creciendo, nuestros padres suelen repetir las expresiones de emociones positivas, y así se nos va enseñando a controlar las emociones negativas. Al no sentirnos libres de expresar estas emociones, porque no cuentan con la aprobación de nuestros padres, no se aprende a canalizarlas bien. Sino las mostramos, las reprimimos, y al reprimirlas no aprendemos formas “sanas” de expresarlas.

Una labor fundamental del terapeuta será acompañar al niño en la expresión de estas emociones que, social y culturalmente, no están “bien vistas”.

Atención positiva

Con niños un atender positivamente sería jugar con ellos, darles un abrazo o un beso a modo de reconocimiento.

Para prestar atención a los sentimientos de nuestros niños, cómo se encuentran y si les gusta o no lo que hay a su alrededor, primero el psicoterapeuta deberá “darse cuenta” de sus propios sentimientos, necesidades o deseos. Desarrollar esta destreza empática con los niños implica enseñarles que casi todos sentimos lo mismo en determinadas situaciones.

Al hablar a los niños de lo que sentimos, les aportamos herramientas fundamentales para su vida y les ayudamos a desarrollarse emocionalmente hablando.

TRABAJOS EMOCIONALES EN PSICOTERAPIA INDIVIDUAL

En cualquier terapia tenemos que destacar de modo inicial la importancia del vínculo. En la medida que logremos establecer un buen vínculo con el niño y nos ganemos su confianza, podremos empezar a crear un espacio de trabajo donde se sienta seguro.

Entendemos la psicoterapia como la capacidad para establecer el contacto, desarrollando la creatividad y la intuición buscando “el darse cuenta” en el otro. Desde la escucha, la empatía, el comprender, respetar y querer al niño. Pudiendo utilizar unas u otras técnicas dependiendo de momento del desarrollo en el que se encuentre nuestro niño.

A continuación, algunas de las técnicas para trabajar con las emociones de manera individual:

Tarjetas de las emociones

Ayuda a los niños a identificar y expresar emociones, creando caras de diferentes emociones en tarjetas.

Materiales: Folios, goma, rotuladores o lápices

Se le dan al niño las tarjetas para que dibuje distintas caras con expresión. Por ejemplo, si el niño está dibujando la emoción “alegría”, se le pide que dibujen una cara feliz. No sólo pueden dibujan la cara, sino acompañarla de la palabra alegre.

Frente al espejo, podemos imitar al niño con distintas expresiones que representen emociones, para que observen en nosotros cómo cambian la boca, los ojos…con cada una de ellas.

Estas tarjetas de emociones nos ayudan a medir el conocimiento de los niños sobre las diferentes emociones y hacerles “darse cuenta” de las diferentes expresiones entre una y otra emoción.

Técnicas proyectivas: dibujo del problema

Para los niños, los dibujos son un medio de expresión donde pueden volcar sus emociones en forma de juego.

Al terapeuta le sirve como herramienta para obtener información a integrar dentro del proceso de terapia.

Podemos, por ejemplo, darle la consigna de que cierre los ojos, piense cuándo se siente mal con su cuerpo y que lo dibuje en un folio. El hecho de dibujarlo ayuda a descargar la emoción.

El Juego

El juego es para el niño una fuente de disfrute, creatividad y aprendizaje. Al terapeuta le va a permitir acceder a la realidad del niño.

Técnicas de relajación

Visualizaciones con situaciones placenteras que calman la ansiedad y la angustia, produciendo efectos positivos y distrayendo a los niños de las sensaciones y sentimientos negativos.

Películas y revistas infantiles

Se utilizan a modo de metáforas y se aprovecha la sesión de terapia para reproducir ciertos fragmentos, formulando luego preguntas como: ¿Con qué personaje te has sentido más identificado? ¿Podrías ser como él? Si estuviera en tu situación ahora, ¿qué haría?

El muñeco

Como vía de expresión de los sentimientos del niño, siendo o bien un personaje guiado por el niño, o bien por el terapeuta.

TALLERES EMOCIONALES EN GRUPO

Una vez establecido el vínculo en la terapia individual, hacer un trabajo de grupo con sus iguales puede resultar también muy sanador, favoreciendo las relaciones. A través del juego podemos, del mismo modo, desarrollar situaciones donde los niños aprendan nuevas formas de actuar con los demás.

Expresión corporal

El lenguaje corporal nos permite transmitir nuestros sentimientos y sensaciones a través del cuerpo. El cuerpo utiliza un lenguaje muy claro que lo hace comprensible, a través de los gestos y los movimientos.

Es importante tener en cuenta que en el cuerpo se van depositando exigencias y señales de identidad. Esta observación nos puede ayudar a reconducir las situaciones y mejorar la autoestima con respecto al cuerpo, como una búsqueda de identidad propia.

El objetivo es construir un espacio grupal de juego donde se expresen las fantasías de los niños y las distintas emociones que vayan surgiendo.

El trabajo se realiza en una sala prácticamente vacía. El coordinador también juega y se involucra con los niños y anota los emergentes de la sesión de juego.

La sesión se plantea como juego libre (45 minutos) seguida de una representación de cómo se siente con plastilina y, finalmente, poniendo palabras a sus creaciones. El terapeuta toma notas y da devoluciones de los emergentes

Trabajo de sueños

Representaciones individuales estáticas de una parte del sueño

Representaciones individuales dotadas de movimiento, representando un personaje que puede representar una acción (perro)

Representaciones colectivas, donde cada uno de los niños representa una parte del sueño

Los personajes pueden ser reales, fantásticos, abstractos (amor)

Representación de cuentos

El trabajo de cuentos fomenta la creación de modelos para futuras situaciones, los niños se identifican con algunos de los personajes representados.

Una de las diferencias principales de los niños con los adultos es que tienen un nivel de experiencias menor. Los cuentos se utilizan como metáforas, ofreciéndoles respuestas a través de la identificación con el personaje.

Se conservaran los diálogos y la figura del narrador coordinará la participación de los personajes, siguiendo los siguientes pasos: contar el cuento, comprobar que lo han comprendido, desde el grupo se contará otra vez el cuento, repartiendo los distintos papeles, representación del cuento y sacar moraleja del cuento, haciendo especial hincapié en el desenlace.

Canciones

Desarrollo de la psicomotricidad. Incitando a mover todas la partes del cuerpo y representando distintas acciones (comer, saltar)

Juegos con títeres y marionetas

Sólo hay intervención con las manos, pero es importante el desarrollo verbal así como la imaginación puede servir como medio de expresión de tensiones del niño que pone en boca de los personajes.

REFLEXIONES PERSONALES:

Seguramente lo más complicado con niños y adolescentes sea ganarte su confianza para, desde ahí, empezar a hacer un buen trabajo. Los terapeutas podemos caer en la trampa de estar más pendientes de poner en práctica nuestros conocimientos y demostrar nuestra valía profesional que de escuchar realmente cuáles son las necesidades del niño que tenemos en terapia. La importancia de no forzar el ritmo sino simplemente acompañar, y apoyar en los pasos que vaya dando es fundamental para que desde ahí se vayan produciendo cambios.

Queriendo y protegiendo a nuestro niño ayudamos a que pueda abrirse y mostrarse tal cual es, aceptando aquellas cosas que le gustan menos, así como permitiéndose otras alternativas que, hasta el momento, no podía contemplar.

Considero muy importante que el terapeuta haya hecho previamente su trabajo personal para poder ayudar de la manera más sana, sin que se mezclen en el entorno terapéutico cosas de su propia historia.

En mi propia experiencia, entiendo el crecimiento personal como el proceso de “darse cuenta” y asumir una realidad a la que no se ha querido hacer frente, o bien porque no era el momento, o bien porque era demasiado dolorosa, y me parece primordial por parte del terapeuta que sea paciente y sepa dar el espacio y el tiempo necesarios para crear ese clima de confort y seguridad en el que el niño pueda mostrar sus emociones a “corazón abierto”.

BIBLIOGRAFIA:

SHAPIRO, L. La inteligencia emocional en los niños. Una guía para padres y maestros. Bilbao: Grupo Zeta, 1997.

GLENNON, W. La inteligencia emocional en niños. Claves para abrir el corazón y la mente de tu hijo. Barcelona: Paidós, 2002.

CORNEJO, Loretta. Manual de terapia infantil gestáltica. Bilbao: Editorial Descleé de Brouwer, 1998.

BURNS, George. 101 historias sanadoras para niños y adolescentes. Madrid: Editorial Palmyra, 2007.

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El autor

Nº 146 Abril de 2014 - Año IX

ISSN 1989-2101

 
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