Crianza con Apego | September 2013

Adiós, adiós para siempre

Escrito por Laura Aparicio Hermosilla

Adiós, adiós para siempre

Las diez de la mañana de un domingo frío muy frío, mezclado con un inmenso sol.Suena el móvil, raro a esas horas en un día festivo, al otro lado mi hermano Carlos.

Laura necesito que me hagas un favor. Tú dirás. Acaba de morir el padre de Loles… Un silencio quieto congelado inmenso recorre mi cuerpo de arriba abajo...

Necesito que te quedes con lo niños, nosotros salimos para Valencia en estos momentos. ¡Claro! le respondo, ahora mismo voy para allá.

Ellos viven en la sierra a uno 40 Km. de Madrid. Acabo mi desayuno la leche se corta en mitad de mi garganta, me visto rápidamente cojo el coche y los lagrimones no me dejan ver esas montañas nevadas que hay frente a mi.

Me vienen imágenes de mi familia de mis padres de mis amigos de uno en especial que adoro y se llama Santiago.

Solo las veces que hemos ido a montar en bici a la montaña he salido tan pronto un domingo de casa y siempre acompañada de él.

Hoy es todo distinto voy a despedirme del abuelo de mis sobrinos y ese es mi objetivo.

Siento un nudo en la garganta y una tristeza enorme. Como se apaga la vida de una persona de un día para otro. Un hombre sano con muchas ganas de vivir; siento a mi padre muy cerca de mí y tomo la mano de mi madre antes de salir.

El camino se me hace eterno voy inmersa en mis pensamientos, el sol me acompaña y me transmite un poco de calor.

Ya he llegado, de camino al portal tomo aire y no me quiero dejar llevar por las emociones o quizá sea mejor así.

Llamo a la puerta me recibe el pequeño Tín con una sonrisa de oreja a oreja quiere que le coja en brazos, le doy un gran abrazo y un buen achuchón. A su lado se encuentra María es la mayor once años. Me mira discreta silenciosa y siento en sus ojos una gran emoción.

Aparece Loles mi hermosa cuñada, la madre de mis sobrinos, nos abrazamos y el llanto sentido no nos deja respirar me fundo  con toda mis fuerzas siento su dolor que es también el mío. Luego mi hermano y la intensidad es más fuerte aún …Me traslado a un momento pasado cuando él necesitó ese abrazo, apenas tenía diez y ocho años y  no se lo pude dar, ahora casi veinte años después se lo doy como si hubiera sido ayer.

Falta Verónica digo a viva voz. Me responde su madre que ha pasado la noche en casa de una amiguita, no sabe nada y está a punto de llegar.

Suena el timbre y ahí está, su madre la abraza y le dice que su abuelo Manolo ya no está, que se tiene que ir con papá a Valencia y que su tía Laura les va a cuidar. Vale, me voy a mi cuarto .Es toda su respuesta.

Le digo que venga y juntos nos ponemos a dibujar. Nos vamos a DESPEDIR  del abuelo y  lo podéis hacer  como queráis; un dibujo una carta una poesía…Da igual.

Los tres niños se sientan junto a la mesa y en un silencio sepulcral se entregan a la tarea como si en esos críticos momentos no hubiera otra cosa más importante.

Tin llena la hoja de su color favorito el naranja, me enseña la pelota, la flor y la espada que acaba de realizar. María está dibujando una primorosa niña con unas pestañas infinitas junto a ella un hombre moreno más bajito. Verónica no sabe que hacer, al final su corazón se ha puesto a latir y en menos de dos minutos tiene su precioso dibujo a punto de terminar.

Les he dicho que cuando acaben nos vamos a una casa que tienen de veraneo a unos poco metros de la estación. Es la casa de la familia de la madre de Loles una casa donde se reúne toda la familia cuando llega el calor.

Es un chalet con una salvaje y  frondosa vegetación con árboles centenarios, columpios y hasta un mirador.A los niños les digo que elijan cada uno su lugar que ahí quemaremos los dibujos y nos despediremos del abuelo.

Entran ya pensando donde van a decirle ADIOS. La primera es Verónica se queda frente a los pies de un sauce llorón y ahí coloca su carta. Extraigo   el mechero hace mucho viento y me cuesta que prenda, ella empuja la hoja hacia el interior, ahora si que arde y las cenizas comienzan a volar. Cuando ya ha ardido sale corriendo Tin hacia el “árbol de los juegos” como le llama él.

Ha elegido un buen lugar y coloca  la hoja toda naranja dentro de unas piedras y  prende a la primera.

Al final llega  María ella quiere decirle su último adiós junto a la barbacoa. Cogemos dos piedras y un trozo de madera y a modo de chimenea que bien arden sus palabras, sus dibujos…Su ilusión.

Siento la emoción en sus ojos es como un ritual, les digo que ahora nos vamos hacia el mirador que es la zona donde más luce el sol.

Estamos en silencio y le decimos adiós, adiós con el corazón, adiós abuelo Manolo, adiós para siempre.

Se lo han pasado bien no han sufrido ningún dolor, a modo de juego se han despedido de él y siento una enorme alegría en mi interior. Recuerdo el trauma tan grande de pequeña cuando tuve que ir al entierro de mis abuelos. Ojala en aquella ocasión alguien me hubiera enseñado a despedirme de mis seres queridos desde un lugar más sano, tranquilo y tan llena,  llena de amor…

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El autor

Laura Aparicio Hermosilla

Product Manager. en www.tusideas.es


Blog: http://lanuckasmujermaravillosa.wordpress.com

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Nº 146 Abril de 2014 - Año IX

ISSN 1989-2101

 
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