
Hace casi 4 años dejé la ciudad en la que había vivido siempre para empezar a trabajar como psicóloga en otra ciudad. De Madrid a Palma de Mallorca. Todos sabemos lo que conlleva el trabajo como psicoterapeuta: formación teórica, psicoterapia personal, supervisión. Cambiar de lugar de trabajo supuso para mí cambiar muchas cosas más a nivel profesional: los cursos ya no estaban a unas paradas de metro; a los congresos y jornadas ya no se llegaba en coche; ya no podía continuar con mi terapia semanal con mi terapeuta habitual; llegaba a una ciudad donde no conocía a otros psicoterapeutas, ya no sabía a quién derivar a algunos pacientes. Tenía la sensación de que, aunque ganaba mucho porque había encontrado trabajo, también había muchas pérdidas profesionales. Me parecía que Madrid era el sitio de las “oportunidades”: donde uno podía encontrar su lugar entre la variedad de cursos, terapeutas, supervisores. Y sin embargo puedo decir que precisamente este cambio es lo que me permitió seguir profundizando en una de las facetas que siempre me ha interesado: el trabajo corporal, la inclusión del cuerpo en las sesiones de terapia, ya sea como fuente de información, como aliado terapéutico o como diana de la intervención. Aquí en Mallorca descubrí la Danza Movimiento Terapia, uno de los pocos lugares donde se impartía una formación de calidad, de la mano de la argentina Graciela Vella.
Han sido tres años de intensa formación donde he podido integrar todo lo que en Madrid había adquirido y se movía dentro de mí sin un esquema coherente que me permitiera utilizarlo con eficacia con mis pacientes. Por un lado, mi vivencia con diferentes danzas; por otro, mi propia experiencia psicoterapéutica con bioenergética; y por otro, mis exploraciones sobre diversas técnicas de expresión y conciencia corporal. Encontré un espacio de integración en las casi cuatro horas semanales que he compartido con mi grupo de formación y otros tantos talleres de fin de semana en los que Graciela nos ha ido brindando oportunidades de aprendizaje que van más allá de lo que la mente puede procesar. En Madrid no habría encontrado esta formación. Habría encontrado otras también muy valiosas, pero no esta formación. Esta ha sido mi oportunidad profesional de estos primeros cuatro años en Mallorca. Y sé que hay y habrá muchas más. Quizá dentro de unos años os lo pueda contar también en Experiencias del Bonding.
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