Nº 92 Octubre de 2009 - Año VIII
ISSN 1989-2101
 
 
 
 
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Sombras de Colores| por Simelmo Marno
Razones para pintar III (de los otros)
"Hemos pasado del sentido “formativo e informativo” de la pintura rupestre (lo que llamé Power Point Primitivo) a sentido narrativo con claves elementales de la pintura del medioevo."
 

Hemos pasado del sentido “formativo e informativo” de la pintura rupestre (lo que llamé Power Point Primitivo) a sentido narrativo con claves elementales de la pintura del medioevo. Pasajes bíblicos para el gran consumo en los que mediante simples códigos de color y un tratamiento poco formal de la perspectiva pero muy riguroso en cuanto a la posición relativa de los personajes, permitían leer a los que no sabían. El sentido de unas imágenes que pintadas en el interior o esculpidas en el exterior de las iglesias narraban reiteradamente distintos episodios de las Sagradas Escrituras.

Además de dibujar sobre el barro, ¿qué otro tipo de expresiones artísticas o pseudo-artísticas se cocían en aquellos tiempos? Nada o casi nada ha llegado hasta nosotros pero algunos de mis amigos, estudiosos de esa época histórica, me hablan del origen de los romances o coplas de ciegos. Conjeturan sin grandes apoyos documentales que es muy antigua la tradición de desplazarse entre poblaciones cercanas y narrar acontecimientos apoyándose en pequeñas pancartas. El Internet de la Edad Media era eso y, como buen sistema de comunicación, se apoyaba en imágenes aunque, como es fácil entender, muy pobres en color y precisión.

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Los siglos XIII y XIV afloran unas nuevas razones para pintar. Dos fundamentos para ello: El primero es técnico la pigmentación de las vestiduras es más estable y también la de las pinturas sobre distintos soportes. La sociedad se ilumina, aunque durante bastante tiempo sea privilegio de clases altas el disfrutar de color en sus vestiduras y, no podía ser de otra manera, el color se estabiliza también en las pinturas. Es más frecuente la pintura sobre lienzos que alejan con una cierta eficacia la humedad de las paredes y piedras. El segundo fundamento es económico, con muchas facetas. Unas básicas, el aceite y el huevo pasan de ser no sólo alimentos, sino también parte integrante de los pigmentos y, por tanto, herramienta de uso normal en los talleres de pintura. Otras más complicadas y que dejo para su análisis a los historiadores y sociólogos. Se produce el primer mercado de pintura. Ya hay quién paga y quién es pagado por pintar. Se valora la calidad y se marca precio por ella. Lo más importante: ”Se paga por salir en la foto” (y quién paga exige).

Los primeros retratos como tales (sólo el individuo con un fondo sencillo, normalmente dorado y con información literal) aparecen el siglo XIV. Los personajes representados son sólo los soberanos. Se imita la construcción estética de las antiguas monedas romanas y siempre aparece el personaje de perfil. Sólo más de cien años después los personajes “se giran”. A principios del Siglo XV, los retratados empiezan a aparecer con dos ojos. Os lo cuento el mes que viene.

Individuos en la multitud

Cada día le echo un vistazo a los titulares del New York Times. A veces entro más a fondo en un artículo con el simple propósito de conocer el sentido correcto de una palabra o, simplemente, mirar las imágenes, quizás algo más de lo que no soy consciente.

Trato de actualizarme en un vistazo en cuanto a la situación de un país tan grande como aquel y en la perspectiva que tienen del mundo sus redactores. Vano propósito. Dejando a un lado la razón básica evidente de esta vanalidad, la absoluta desproporción entre mi capacidad, el objetivo y la herramienta seleccionada para desarrollarlo, descubro que con frecuencia los periodistas del NYT intentan lo contrario, aplicar una lupa a su sociedad y presentarnos historias singulares de un mundo homogeneizado por los que lo observamos en la distancia.

Para los "Obelix de la observación", tengo que decir que "no están locos estos americanos", ni estos romanos, ni estos chinos, ni estos nada...o, tal vez, estamos todos locos aunque de una forma distinta.

Cerrando el círculo, os acerco esta serie de reportajes de gente singular, locos individuales en la magma de los ocho millones de habitantes de la ciudad de Nueva York, One in 8 Million.

Sin informática.

La técnica nos invade y, en ocasiones, añoramos un mundo más artesanal, donde sintamos participar un poco más en el proceso de los productos. Echo de menos, personalmente, los tiempos en los que pasaba horas y horas en mi laboratorio fotográfico asombrándome cada vez de que una imagen apareciese en el papel sumergido en la cubeta de revelado. Todas, absolutamente todas las veces, sentí una sencilla emoción en la magia química de que lo que había visto unos días antes apareciese perfectamente reproducido en el papel.

Os puedo relatar pero no transmitir esas emociones. Como alternativa ligera para compensar  estas nostalgias, os paso un link en el que el fotógrafo se ha preocupado de jugar con el encuadre. Ya sabéis lo de aguantar la torre de Pisa, coger en la mano el Faro de Hércules. Esas cositas.

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