Agobiado por la situación, Manolo se dirige a un empresario circense para pedirle que le contrate. Desesperado está dispuesto a aceptar cualquier cosa. Después de muchos intentos, consigue una entrevista. Como mozo de pista, imposible, en algún puesto administrativo, no hay lugar, los payasos llevan la contabilidad y los jubilados venden las entradas, conductor, limpiando animales, en iluminación, en…a todo la respuesta es un amable no. El circo hace mucho tiempo que no contrata a nadie y sólo una actuación en pista de esas que emocionan o conmocionan, de esas que permiten sustituir los rentables pero prostituidos números de imitación a los héroes de dibujos o del cine, le haría considerar esa negativa.
Manolo pasa hambre, su familia pasa hambre y eso le hace pensar rápido. Si hay que meterse por una tubería sin saber lo que hay al final, se mete uno.
“Yo le ofrezco un número nunca visto”
“Usted no sabe lo que yo he visto pero le escucho”-el empresario, toma sus precauciones y acota- ”En cualquier caso, no puedo pagarle más de cincuenta euros por actuación”
Manolo convierte los cincuenta euros en bocadillos, lentejas, fideos, carne para el cocido, agua, vino, teléfono. Le salen las cuentas y le sobra. A por todas Manolo, se dice.
“Me subo a una altura de diez metros y me tiro de cabeza a un cubo en el suelo”
“Mire joven, entiendo su problema pero eso lo he visto un millón de veces. Además, ¿sabe lo que cuesta meter y sacar varios miles de litros de agua de la pista?”
“Nada, yo me tiro en un cubo de fregona. Seis litros”
El hombre, entre el escepticismo y la sorpresa, decide darle una oportunidad y pide que preparen una plataforma a 10 metros de altura y un barreño, es generoso, de unos veinte litros de capacidad. Manolo sube echando cuentas, despojado de cualquier prevención y de toda su ropa. Respira hondo, mira al frente y con los ojos cerrados se lanza con mucha, muchísima más voluntad que estilo. Cae, aplasta el barreño y se parte todo menos el alma y la lengua. El empresario, que no se percata de que Manolo está más en otro mundo que en este, salta emocionado:
“¡Contratado, contratado, mañana empieza!”
“Sí, pero quiero treinta mil euros por salto” Apenas balbucea pero ya hace cuentas en las que entra alimentar a la familia y pagar todos los gastos médicos que va a conllevar cada exhibición.
“Pero hombre, de cincuenta a treinta mil hay un gran diferencia, ¿no podía haberlo pensado antes?”
“Bueno, es que esta es la primera vez que lo hacía”
Esta historia me la contaron hace tiempo y al recordarla siempre siento una gran ternura por Manolo. Sobre todo me emociona cuando reconoce que es la primera vez que acomete esta aventura, o hubiera acometido lo que fuera para encontrar trabajo, para dar de comer a su familia. Pero, por mucha ternura que me merezca, Manolo pierde la cabeza y la perspectiva de lo que está asumiendo. Me gustaría bajar un escalón en el nivel trágico de esta historia y reflexionar un minuto sobre la forma en que nos reconocemos afectados por un problema y nos proponemos solucionarlo, de la forma que sea, caiga quien caiga y dispuestos a tiranos de cabeza a un cubo de fregona desde la altura que sea.
En ocasiones discutimos con los cercanos o entramos en conflicto con nuestro entorno, por adquirir, por poseer, por disfrutar algo efímero. Perdemos de vista el “efecto bombón” (diez segundos en la boca, toda la vida en las caderas”.
Recuerdo la reflexión del personaje de “La mujer de rojo”, que acaba saliendo en paños menores, en una cornisa tras haber escapado de la ventana tras un intento de aventura amorosa, “y todo esto por echar un polvo”, decía el hombre.
Stephen Covey en su libro Los 7 habitos de la gente altamente efectiva.*, dice que los proyectos se contruyen dos veces por los menos, una en la mente y otra en la realidad. Cada vez que nos planteamos una acción, estamos elaborando un proyecto, constrúyelo esas dos veces aunque en algún momento sientas la necesidad de hacer lo que sea aunque ese “lo que sea” consista en tirarse a un barreño desde diez metros de altura.
Fernández nos aporta una de sus sombras de colores. Esta desde Egipto.
*.-Este es un libro altamente recomendable. Seguramente lo cite en futuras sombras porque lo encuentro lleno de colores.
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