Parece que estamos viviendo un momento de cambios y renovaciones, la crisis mundial obliga a los mandatarios a modificar criterios y creencias, y también a unificar esfuerzos. Sin embargo, en ciertos lugares de este mundo que compartimos hay ciertas costumbres que se mantienen a pesar de estar en la era de la globalización y de que en cualquier parte de la tierra podemos comprar una coca-cola.
Entre estas prácticas, una de las más escalofriantes y que supone una clara violación de los derechos de las niñas es la ablación del clítoris, comúnmente mal llamada circuncisión femenina, y que cerca de dos millones de niñas al año corren el riesgo de padecer.
La ablación sexual o mutilación genital femenina (MGF) es un ritual en origen realizado a las niñas de algunos países de África y Oriente medio que comprende una serie de prácticas basadas en la extirpación total o parcial de los genitales externos de las niñas mediante métodos rudimentarios a cargo de curanderas o mujeres mayores, y con herramientas como cristales, cuchillos oxidados o cuchillas viejas de afeitar.
Según las estadísticas, esta práctica afecta en la actualidad alrededor de unas 135 millones de mujeres y niñas en el mundo. Esta costumbre está extendida por numerosos países de África y algunas tribus que habitan en el suroeste de Colombia, principalmente.
UNICEF explica que las razones de esta práctica van desde fines sexuales, para controlar o mitigar la sexualidad femenina, hasta religiosos, como consecuencia de la creencia errónea de que la ablación genital femenina es un precepto religioso. También es entendido como un rito de iniciación de las niñas a la edad adulta o en aras de la integración social y el mantenimiento de la cohesión social.
http://www.unicef.org/spanish/protection/index_genitalmutilation.html
Todo esto son datos, estadísticas espeluznantes que hacen pensar en las consecuencias de esta falta absoluta de respeto de los derechos humanos. Y a nadie se le escapa que éstas son desastrosas, desde el contagio del VIH hasta la muerte, pasando por un proceso tremendamente doloroso, no sólo físicamente, sino también, y peor aún, una herida en el ser que no dejará de doler el resto de sus vidas. Es una práctica discriminatoria que vulnera el derecho a la igualdad de oportunidades, a la salud, a la lucha contra la violencia, el daño, el maltrato, la tortura y el trato cruel, inhumano y degradante; el derecho a la protección frente a prácticas tradicionales peligrosas y el derecho a decidir acerca de la propia reproducción.
Es fácil preguntarse quién permite esto, y quién lo comprende. Aquí el testimonio de un musulmán que un día se dio cuenta de lo que estaba pasando escondido, a veces, debajo de todas sus creencias.
http://www.webislam.com/?idt=2566
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