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Francisco Massó.
Psicólogo. Director del Gabinete del Psicología y Análisis Transaccional. Profesor del Máster de Análisis y Conducción de Grupos de la Universidad de Barcelona. Autor de varios libros. Madrid. |
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Resumen:
En este trabajo mantendré el concepto bio-psico-social del ser humano.
Sobre la base de un estudio de campo, pretendo conceptuar la transacción oréctica, que tiene lugar durante la lactancia y resulta un factor constituyente, en el plano psíquico, paralelo a su efecto epigenético en el plano biológico y de configuración de la vinculación social, amen de saludable para los dos actores de la transacción.
Transacciones orécticas:
En griego, oréxis significa energía. Por tanto, nos vamos a referir a un tipo de transacción puramente energética, que alimenta al niño, alienta su desarrollo emocional y lo introduce en el enjundioso mundo de la interacción social. Por ejemplo, un cruce de miradas entre madre e hijo, acezante y ansiosa la de él, llena de ternura y comprensión compasiva la de ella, es un ejemplo de transacción oréctica. Su carácter, aún siendo no verbal, es claro y nítido para ambas personas, que se convocan a una adaptación recíproca.
No obstante, necesitamos definir el concepto de energía que, anteriormente, creó muy serios problemas dentro del Análisis Transaccional. Estos, en parte se debieron a imprecisiones del propio Berne y, en parte, a errores sobrevenidos.
El concepto de energía psíquica arranca del psicoanálisis, la libido, que Kelly (1955) consideraba un concepto mitológico, puede que con razón, en la medida que hay que concebirla como erótica y, alternativamente thanática; es decir, dual, maniquea y mecánica.
Berne (1968) parte de la base de que el cerebro consume oxígeno y emite ondas eléctricas; por tanto, considera que la energía psíquica y la corporal no deben ser muy diferentes. Esta concepción, meramente física y mecánica, llevó a Jacqui Schiff a confundir energía psíquica con violencia física, en su afán por remover la pasividad. Efectivamente, además de lo que dice Berne, el cerebro consume sodio, potasio, glucosa y multitud de oligoelementos; pero la transformación que hace tiene muy poco que ver con la transformación que hace el bíceps, el triceps, e incluso el trigémino, por poner un órgano cercano al cerebelo.
Anteriormente, Berne había dicho que la energía psíquica es la base de la comunicación (1950); y luego añadió que “la comunicación es comprendida cuando cambia las catexias del receptor” (1955). En mi modesta opinión, ahí debió quedarse, dejando la energía psíquica como un fluido que afecta a las catexias, mientras que la física corporal es una fuerza, que incluso puede generar violencia.
Según se me alcanza, dentro de la comunidad transaccional, hay otras dos figuras que han hecho una lectura singular del concepto de energía. A saber: Goulding (1) con su concepto de poder personal muy productivo en pro de la redecisión, toda vez que deja al Niño dueño soberano de sus recursos, y Steiner (2) que también oscila desde una concepción del poder como capacidad de ejercer una fuerza por un periodo determinado de tiempo(1980), hasta la capacidad de dirigir los acontecimientos de la propia vida. El primer concepto está muy próximo al de Berne de 1968 y el segundo se aproxima al de Goulding.
Propongo una definición discreta de orexis psicológica como capacidad transformadora de las catexias del receptor. Es necesario indicar, de conformidad con Varela (1992), que cualquier catexia es una cierta cognición; ésta depende de la experiencia que, a su vez, proviene de tener un cuerpo dotado de características senso–motrices. En su origen, sensaciones, percepciones y movimientos o acciones constituyen un todo continuo que se organiza a sí mismo; de ahí que las estructuras cognitivas emerjan de modelos recurrentes de actividad senso–motriz. Es decir, en la primera infancia son las formaciones circulares, primarias y secundarias, de Piaget las que originan las catexias.
Tras su nacimiento, el niño está protegido gracias a la oxitocina, la prolactina y la vasopresina de la madre. Este es el alcance meramente biológico, necesario para que pueda producirse el nacimiento de la paternidad psíquica y simbólica. El niño hace padres a sus padres, les otorga un estatus, una posición simbólica de maduración, de prestigio social, o incluso de poder. Entremedias, en días u horas tal vez, se crea un espacio intersubjetivo, un vínculo o nexo puramente energético. Mucho antes que la palabra se apodere de la convivencia, los intercambios orécticos permiten la supervivencia física del Niño, facilitan el arranque de su psicogénesis (estamos ante la segunda etapa de los procesos morfogenéticos del cerebro) y ponen a los padres ante el deber de asumir las responsabilidades de su nuevo rol.
Así lo determina Berne, cuando dice: “la vida mental del recién nacido consta sólo de sensaciones y deseos…, hasta que descubre que al llorar de una cierta manera consigue que le ayuden… Ser arrullado por una madre amante que lo sostiene contra su pecho, fuente de su alimentación… satisface parcialmente sus anhelos y apacigua sus ansiedades…, mientras que el arrullo y las caricias favorecen su circulación y respiración… Así como el niño a quien no se acaricia y amamanta adecuadamente es más medroso y tarda más en desarrollarse, el desarrollo del cerebro se ve favorecido cuando se trata de un niño con amor verdadero” (3).
Las transacciones orécticas tienen mayor incidencia durante los seis primeros meses de vida y, poco a poco, van perdiendo su preponderancia a medida que las verbales van adueñándose de la interacción. No obstante, siguen estando al alcance, como dispositivo de comunicación, a lo largo de toda la existencia. Recuérdense, como epifenómenos, las miradas de los enamorados, los guiños cargados de significación que emite un mimo, etc., pero también la mirada imponente del juez, el gesto despótico del agente de tráfico, etc.. Sin mediar palabra, las transacciones orécticas siguen fluyendo a lo largo de la vida, promoviendo adaptación, o rompiendo la establecida para, a continuación, determinar una fórmula nueva de ajuste.
Sus funciones:
A mi juicio, estas transacciones cumplen seis funciones, a saber:
- Amparo: La familia es el segundo útero del hombre. Para completar su viabilidad biológica, el bebé necesita acogida, una provisión protectora de índole material como sea la ropa, la alimentación, el cobijo. En el ámbito psicológico, la protección emana del contacto piel a piel, de la mirada e incluso de la sonoridad de la voz de la madre, aún ininteligible para el bebé, pero reconocida desde el seno materno. En la base de la relación social posterior están las catexias de la aceptación incondicional.
- Permiso: El permiso más radical y temprano es el permiso para vivir; el niño necesita asociar beneplácito, gusto y alegría durante los cortos vuelos de su tiempo de vigilia. De esa forma, vivir, estar despierto, iniciar la conciencia puede resultar gratificante. Ahí, entiendo yo, reside el permiso para vivir. Otras catexias más complejas también provienen del permiso para ser masculino o femenino y estar bien por ser del sexo que uno tiene. Igualmente, el permiso para poderse mover, explorar con las reacciones circulares primarias y facilitar las secundarias, dentro del bucle de la autonomía del crecimiento. Por último, cabe el permiso para vincularse y expresar preferencias o rechazos en las emergentes relaciones sociales, aunque estén restringidas al estrecho círculo familiar.
- Orden: El narcisismo primario del bebé choca pronto con las normas sociales: hay un ritmo en los horarios de comida, la intermitencia del sueño-vigilia también está regulada y se impone el control de esfínteres. También el niño ha de diferenciar qué puede chupar y qué no, qué puede romper y qué no; o lo que es lo mismo cómo obtener placer y cómo expresar agresividad. Son nuevas catexias que va agregando a su equipamiento existencial. De igual modo se va incardinando el sentido del valor: que es bueno andar a gatas y aún mejor la bipedestación; o que lo sucio, malo e impuro es escotómico y punible, mientras lo limpio, bueno y puro es fruitivo y plausible.
- Estructuración: Sin mediar palabra, aprendemos a manejar la senso-percepción, a distinguir, por similitud–disimilitud, principio del sistema analógico, entre lo vivo que responde y lo inerte que sólo soporta. También el niño organiza el uso de la intuición como conocimiento directo de la realidad y la inteligencia emocional con pretensión de influencia sobre los demás y aun trampolín para ejercer poder. Las jerarquías: padre/madre, abuelos, hermanos mayores, tíos y las equivalencias de rango: otros hermanos, amigos, etc., con sus correspondientes expectativas de rol configuran atribuciones y ayudan al pequeño a organizar sus mapas cognitivos y marcos de referencia respecto a su propio papel en el mundo que está viviendo.
- Creación de confianza: La transacción oréctica crea confianza cuando garantiza la satisfacción de necesidades básicas biológicas y psíquicas, dentro de un clima congruente y armónico. Cuando la pareja de los padres pelean entre sí, el desamor que se tienen, o la violencia que practican, genera inseguridad y pánico dentro de sus hijos, máxime si las zaragatas tienen relación con necesidades perentorias: ¿qué comeremos hoy?, ¿dónde vamos a dormir mañana, si nos echan de la casa?. Un clima violento incluso hurta el permiso para vivir, al poner en evidencia la indefensión y el desvalimiento del niño. La convivencia pacífica, la resolución eficaz de los conflictos, colateralmente, establece el confort necesario para que el niño crezca a sus anchas, se mueva feliz y pueda desarrollar su proceso de desarrollo en sincronía con el medio social en el que habita.
- Integración: El niño ha de incorporar a su bagaje existencial tanto la gratificación como la frustración de impulsos. La megalomanía del animismo egocéntrico ha de aceptar límites. Desde el primer año de vida, el niño viene comprobando que hay un pecho bueno y un pecho malo (Melani Klein) y, a su vez, comprueba reacciones ajenas siendo él mimo bueno o malo, incluso con el pecho del que mama, según veremos. Cuando esta alternancia se integra adecuadamente, no habrá lugar al “clivage”, las disociaciones de la personalidad.
Estudio de campo sobre transacciones orécticas
Sobre las transacciones orécticas, hemos hecho un pequeño trabajo de campo con jóvenes madres, que nos han descrito su experiencia de lactancia y cuyos resultados figuran como anexo en este trabajo.
Para este trabajo, hemos pedido la colaboración de siete jóvenes madres pertenecientes a mi entorno familiar y profesional. Por tanto, no tiene alcance representativo, puesto que no se ha hecho una acotación de variables a estudiar, según cohortes definidas a tenor de un criterio estadístico.
El estudio sólo pretende ser una descripción fenomenológica de la transacción oréctica; por ello, hemos mantenido la expresión original de la madres cooperantes, que sólo conocían que “estaba haciendo un estudio sobre la lactancia, y que me ayudaría conocer cual había sido su experiencia personal”. Esa fue la única instrucción, dejando abiertas todas las posibilidades de respuesta.
En esta presentación, los textos que aparecen en cursiva son expresión directa de las madres colaboradoras. He diferenciado en la columna A la parte de la transacción que la madre se atribuye a sí misma y en la columna B aquellas otras que ellas intuyen como respuesta psicobiológica de sus bebés.
A: Narraciones sobre la experiencia de la madre |
B: Observaciones e hipótesis de las respuesta del bebé |
Primera Informante: |
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| 1. me había dicho que la lactancia era necesaria para establecer vínculo entre madre e hija |
1. la niña no había nacido aún |
| 2. me enseñaron cómo tomar a la niña y respetar sus ritmos |
2. me sorprendió lo lista que era la niña en materia de lactancia… |
| 3. me dormí |
3. aun dormida, la niña se había vuelto a agarrar al pecho a las dos horas |
| 4. angustia de ambos (padres) sentimiento de fracaso, porque ser madre y lactancia iban unidas. |
4. la niña no sube peso.., |
| 5. Lactancia mixta: toda la familia, especialmente las abuelas, quieren dar el biberón…utilicé darle el pecho para todo: calmarle el hambre, la sed, tranquilizarla, dormirla… la pareja dice que el pecho era el remedio para todos los males (¿celos?) |
5. complicidad con la madre. Como si el vínculo, antes imaginario, ya estuvieraconsolidado, mediante las catexias generadas, en las reacciones circulares primarias |
| 6. aun sin leche, si la niña encuentra el pecho descubierto, vuelve a agarrase a él |
6. respuesta decondicionamiento |
7. al principio, la tarea parece esclava, pero al final es bastante cómoda… |
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Segunda Informante: |
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| 1.Cantaba, hacía rimas, se dejaba ver… |
1. se ponía contenta, sonreía. |
| 2.Daba el pecho “a demanda”, era una disculpa para tenerla entre mis brazos… |
2. lloraba, tenía hipo |
| 3.Tener a mi bebé en brazos me hacía feliz, me proporcionaba una alegría y tranquilidad tremendas, el mundo dejaba de existir y ella y yo éramos una… |
3.presencia viva |
| 4.Deja de acunar al bebé en los brazos |
4.Señales de alarma o pánico |
| 5.Identificación de sonidos…(¡!) |
5. Sonidos |
6.Presencia cercana, de compañía |
6. Llanto |
Tercera Informante: |
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| 1.Lactar es dar al hijo lo mejor que tiene la madre: su leche |
1.se ponía contenta, sonreía. |
| 2.Una semana sin producir leche: insomnio, llanto, dolores de pecho, frustración y caos… |
2.el bebé cada día pesa menos |
| 3.Tras dos meses de lucha para lactar de forma apropiada, luego disfrutaba de ver a mi hijo lactando. Era ese momento entre él y yo…Me sentía la persona más importante de su vida, porque lactar era algo que sólo yo podía hacer. |
3.el bebé simplemente mama. |
| 4.Lactar es cercanía y dar amor |
4.el bebé está triste (¿proyección materna?), tiene una pesadilla o quiere dormir |
| 5.catexia de pecho bueno) |
5.el bebé apenas comía, estaba saciado, pero quería dormirse en esa posición (agarrado al pecho izquierdo, igual que sus dos hermanos siguientes) |
| 6. Dejar de dar el pecho supone vacío, cualquiera puede hacer lo mismo (dar biberón) y eso supone tristeza. Puede que haya madres que lactan para bien propio… |
6. |
| 7.Ser más lista que la hija, retirándole el pezón cuando la niña estaba a punto de acabar de mamar. |
7.la niña mordía el pezón hasta hacer sangre, una vez que había saciado su hambre. |
Beneficios conseguidos:
- Con un hijo logró donar al hospital cinco litros de leche y con otro 10.
- La madre dormía mejor mientras lactaba
- Dar el pecho por la noche, de madrugada, le permitía a la madre conciliar el sueño en 30’’ (¿efecto de la oxitocina?) mientras el padre se mantenía en vela…
- Lactar, además de ser sano para la mamá y para el bebé, es bello y natural. Mostrar que una madre tiene el don de lactar es un gesto hermoso que se puede enseñar al mundo.
- Dar la vida implica dar de mamar.
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Cuarta Informante: |
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| 1.La lactancia es el vínculo con que la naturaleza palia la primera desvinculación que supone el parto. |
1. |
| 2. mamantar a mi bebé me permitió experimentar el delicioso sentimiento de religamiento con mi criatura |
2. religamiento |
| 3. La naturaleza no provee a la madre para que viva físicamente separada de su bebé, no duerma con él , no lo alimente y no lo tenga en brazos. |
3. |
| 4. Para asegurar la supervivencia de la especie, la naturaleza pone placer cuando la madre amamanta y besa a su criatura. |
4. |
| 5. Amamantar le ayuda a dormir, a revincularse entre ambos (madre e hijo), calmarse, mantener el equilibrio, descargar endorfinas. |
5. También el bebé duerme (uno duerme a la otra y viceversa), se calma, mantiene su equilibrio, se regala con su madre… |
| 6. Lactar es una forma suave, subrepticia e íntima de dividirse (separarse) |
6. Individuación (¿?) |
| 7. Al amamantar, lo alimenta, da endorfinas y defensas orgánicas (inmunización) |
7. Otorga endorfinas a su madre, le facilita la recuperación del parto, le da un “seguro” frente al cáncer de mama |
(La informante se centra en el propio yo, ajena a la respuesta transaccional del bebé, salvo en lo que afecta al sueño) |
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Quinta informante:
(madre de tres hijos) |
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| 1.Observando lactar a un sobrino, capté que el tiempo se detenía, que madre e hijo se miraban en silencio, de forma constante, creando una burbuja de aislamiento, donde las sensaciones son intensas, calladas y el vínculo profundo desde la primera mirada… |
1. |
| 2.La lactancia es un proceso doloroso con la subida de la leche. Pasado ese momento, la lactancia es un momento de intimidad grande, de plenitud, de existencia plena; no hay distancia entre madre e hijo, ambos se vuelven uno y todo está en su sitio. |
2. |
Sexta Informante: |
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| 1.Aun sin tener leche, cada vez que despertaba el bebé, la ponía al pecho. A ella le gustaba e incluso agarraba el pezón con la mano… |
1.Chupa, aunque no saca nada y agarra el pezón con su mano. |
| 2.Dolor de la cesárea, grietas en el pezón… |
2. Cuando llegó la leche, la niña se mantenía al pezón hasta tres horas, le daba calma a la madre y le impedía moverse, favoreciendo así la recuperación. |
| 3.La madre se olvidaba de sí misma y utilizaba su cuerpo y sus sentidos para sentir a la hija tan cerca, tan cerca, que eran como vasos comunicantes. |
3.Vaso comunicante… |
| 4.Muchas veces se dormían juntas. Después, le costó acostumbrarse a dormir sin la hija |
4.Proceso idéntico |
| 5.Sustituye el amamantamiento por |
5.
Deja la toma equivalente a la merienda, porque a esa hora no tenía sueño y quería jugar… |
| 6.La madre sigue ajustándose a las iniciativas de la hija. |
6.A los 20 meses, la niña pide “tetiña” para retardar el tiempo de irse a dormir. Cuando la madre la ponía al pecho, la niña lo dejaba enseguida y pedía “pupo” (pulpo, en castellano), un cuento sobre un pulpo. (Parece tratarse de una reacción circular primaria, porque una vez leído el cuento del pulpo, la niña volvía a pedir “tetiña” y a repetir todo el proceso…) |
| 7.La madre presiona a la hija para que mame… |
7.La hija le muerde a la madre… |
| 8.la madre llora, porque su hija ya no es un bebé y ha dejado de lactar… |
8.Un día, la niña llamó “pelota” al seno materno y dejó de mamar |
| 9. |
9.Sin embargo, cuando oía llorar a otro bebé, le decía a su madre “tetiña”, como permitiéndole a la madre que le diese de mamar al bebé para calmarlo… |
Comentario:
La incertidumbre por si sube o no la leche, el dolor de la cesárea, de las grietas y de las mordeduras, se transforma en placer, en felicidad inmensa, por la comunión con el hijo.
Hay una séptima comunicante que indicó que le resultaba tan desagradable imaginarse dando el pecho, que pidió que le cortasen la subida de la leche. Hoy, madre e hija viven alejadas, a miles de kilómetros; se tratan mal entre sí; la niña ha tenido problemas de rendimiento escolar y, afectivamente, está más vinculada a su abuela, con quien convive, que a la madre biológica.
Entre las seis comunicantes restantes ponen de manifiesto los beneficios biológicos, psíquicos y sociales que tiene la lactancia.
La transacción oréctica ha sido muy bien descrita por la comunicante nº 5 cuando, primero como observadora y luego como protagonista, recoge ese fluido de entusiasmo recíproco que circula entre madre e hijo, aislándolos de cualquier otro estímulo ajeno a ellos mismos.
La constancia persistente del sueño es la rúbrica del proceso lactante. El sueño refleja, no sólo los efectos de la oxitocina, asociada a la maternidad incipiente, sino también es fruto de la serotonina como hormona que fluye tras el esfuerzo físico y la plenitud psíquica. La serotonina anestesia el dolor, por haber protagonizado una acción grandiosa por la generosidad y aun gloriosa por su trascendencia, cual pueda ser dar la vida.
En estos momentos, el sistema de trabajo exige a las jóvenes madres abandonar a sus hijos muy tempranamente, irrumpiendo en el proceso de separación – individuación de forma traumática.
Este hecho tiene consecuencias sobre la empatía y las seis funciones que hemos descrito asociadas a las transacciones orécticas. Por ello, es necesario que los psicólogos apoyemos las reformas estructurales que sean precisas, para que el proceso de lactancia sea respetado en su integridad y que el destete pueda hacerse sin trauma y tras haber asegurado que el vínculo entre madre – hijo – padre esté bien afianzado.
Notas:
(1) Goulding, R. y Goulding, M.:
The power is in the patient, San Francisco, T.A. Press, 1978
Changing lives through redecision therapy, Nueva York, Brunner/Marzel, 1972
(2) Steiner, C.:
Libretos en que participamos, México, Diana, 1980, pág. 312
El otro lado del poder, Sevilla, Jeder libros, 2009, pág. 64
(3) Berne, E.:
Mecanismos de la Mente, Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1959, ps. 82 y 83
Bibliografía :
Bateson, G y Bateson M. : Angels fears: Toward an epistemology of the sacred, McMillan, New York, 1987
Berne, E. : The mind in action, Simon y Schuster, New York, 1947
Intuition and ego states, T.A. press, San Francisco, 1977
Mecanismo de la mente, Compañía General Fabril, Buenos Aires, 1959
Kelly, G. : The Psychology of personal constructs, Norton, New York, 1955
Varela, F.: Whence perceptual meaning? A cartography of current ideas, en Understanding origins, M.I.T. Cambridge, 1992
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