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Katherine F.H. Heart.
Máster en educación, es escritora, educadora de salud y asesora de becas. Es la autora de “TELLINGS: From Wound to Wellspring” (2) (Outskirts Press, 2008) donde narra su viaje hacia la curación antes del Brainspotting. La empresa con fines sociales de Katherine, Heart Resources, LLC, ha recaudado millones de dólares en financiación de becas para encontrar soluciones innovadoras frente a los desafiantes problemas de salud mental y salud comunitaria. Acude a los talleres de formación de terapeutas para hablar sobre la curación de la disociación y del trauma. Se puede encontrar información sobre su próximo libro: A JOURNEY TO JOY: Healing Dissociation and Finding Integration with Brainspotting (3) y acceder a su blog “On the Path” (“En el camino”) en www.post-traumawellness.com. |
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El BSP apareció en el momento perfecto en mi proceso de curación como la principal manera de curar la disociación y la enfermedad mental después de mi experiencia de trauma en la infancia. Cuento mi historia para informar a la gente de cómo este descubrimiento tan prometedor podría servirles de ayuda.
Antecedentes
Desde los seis hasta los 16 años, sufrí abusos sexuales, físicos y emocionales que sólo terminaron cuando se lo conté a mi consejero escolar y fui separada de mi familia. En 1972 se creía que el incesto era poco frecuente. Mi padre no fue detenido y a mí me enviaron a un servicio de psiquiatría de un hospital local y luego a un hogar comunitario para "adolescentes emocionalmente perturbados". Tres psiquiatras me dieron diferentes diagnósticos: Reacción de ajuste a la adolescencia, Depresión mayor y Esquizofrenia.
Mi tío y mi tía que vivían en otro estado me integraron en su familia y me proporcionaron apoyo para completar los cursos del instituto, de la universidad y del posgrado. Gané una beca para la División I de la NCAA (1), importantes premios por mi capacidad de liderazgo y una plaza como ayudante de profesor universitario. A comienzos de la edad adulta, me labré una exitosa carrera profesional en la gestión de un programa sin ánimo de lucro durante 15 años, la mayor parte del tiempo como defensora de victimas y formadora.
En mi vida personal tenía dificultades en permanecer en las relaciones, mi humor era variable y tenía un sentido de la identidad confuso. Nunca olvidé lo que me había pasado cuando era niña y busqué ayuda cuando se hizo pública la prevalencia de los abusos sexuales y las violaciones a niños en los años 1980. Trabajé sucesivamente con terapeutas privados que ofrecían psicoterapia psicodinámica, así como con enfoques Jungianos, feministas, gestaltistas, de artes creativas y de mente-cuerpo. Completé un programa de certificación de dos años en terapia psicofísica y ejercí durante dos años. Esas experiencias me proporcionaron un buen entendimiento al principio de mi proceso de curación. El centrar la atención de forma continua en la recuperación me ayudó a sentirme estable y productiva.
Un acontecimiento vital decisivo
Mi vida cambió bruscamente en 1992. Después de años viviendo lejos de mi familia de origen, me vi obligada a volver por una amenazadora emergencia vital. Mi madre estaba en coma diabético y casi falleció cuando los médicos tuvieron que amputarle ambas piernas a la altura de la cadera. El largo e intenso contacto con mi padre despertó en mí emociones arrolladoras y un imparable flujo de memorias dolorosas.
Cuando volví a mi casa en Pittsburgh, estaba completamente incapacitada mentalmente. Mi compañero, que era trabajador social, me animó a retomar el tratamiento psiquiátrico. Esta primera hospitalización como adulta duró tres meses. Durante la mayor parte del tiempo, estuve catatónica - en un estado de depresión tan profundo que no podía hablar, moverme, comer, beber o cuidar de mí misma-, hasta el punto de perder tanto peso que tuve que recibir sueroterapia intravenosa y alimentación por sonda nasogástrica. Mi mente era incapaz de pensar y mi ser estaba sumido en una profunda e inexpresable tristeza.
Una enfermedad física y mental crónica
Dado que mi estado anímico podía cambiar bruscamente, me diagnosticaron trastorno bipolar y trastorno por estrés postraumático (TEPT). Durante 14 años, estuve mentalmente enferma de forma severa y crónica. También me diagnosticaron un trastorno de identidad disociativo (TID). La identidad confusa en los comienzos de mi edad adulta eran mis partes fragmentadas. Me hospitalizaron en 27 ocasiones, lo que sumaba más de 18 meses de mi vida encerrada en cuatro unidades psiquiátricas. Me vieron siete psiquiatras que probaron 40 fármacos diferentes y un incalculable número de combinaciones. Lo intentaron con tres series de terapia electroconvulsiva, lo que equivale a un total de 57 tratamientos de TEC. Asistí a varios programas hospitalarios parciales, incluido un programa de terapia comportamental dialéctica (TCD) de ocho semanas.
Recurrí a las autolesiones, sabiendo que aquel acto liberaría endorfinas. Practicarme cortes en el brazo y hacer ejercicio de forma intensiva durante horas sólo aliviaban temporalmente el dolor emocional. Mi desesperación parecía tan interminable que traté de suicidarme varias veces para poner fin al sufrimiento. Mentí respecto a mis pensamientos suicidas frente a los comités de evaluación para que no me internaran en el hospital psiquiátrico estatal.
Me diagnosticaron parkinsonismo inducido por fármacos, un efecto secundario de la medicación antipsicótica. Añadieron tres fármacos suplementarios a mi medicación diaria para los temblores severos y los espasmos musculares incontrolables. En el 2007, me prescribían 11 fármacos psiquiátricos y neurológicos en una prudente tentativa de ayudarme a funcionar en el día a día.
La salud física de la que había gozado a comienzos de la edad adulta se deterioró. Empecé a fumar en medio de un episodio depresivo y me encontré enganchada a un rápido colocón. Gané más de 45 kilos, lo que desembocó en una diabetes descontrolada, un severo dolor de origen nervioso en los pies y el dolor físico añadido de ocho inyecciones al día.
Cada profesional de la salud mental y de la medicina al que acudía me daba las mismas perspectivas: yo estaba “demasiado dañada”, “siempre estaría en tratamiento”, “tendría que tomar la medicación para siempre”, “no debía esperar una recuperación plena”. Mi experimentado psicoterapeuta, al que llevaba viendo siete años, me dijo directamente “Estás programada para la autolesión”.
La terapia del Brainspotting como recurso
Alcancé un punto de profunda frustración y acabé creyendo que no podía hacer nada más con la terapia verbal o el tratamiento tradicional. Me sentía en un callejón sin salida y preparada para un cambio. Acudí a ver a Lisa Schwarz, una especialista del trauma con mucho talento que trabajaba con el Dr. David Grand en el desarrollo del Brainspotting (BSP). Empezamos a usar el BSP como terapia de base una vez a la semana.
He aquí una descripción básica del funcionamiento del Brainspotting. El terapeuta actúa como guía, pero tú te haces cargo de tu propio proceso. Puedes empezar con unos minutos de respiración relajada mientras escuchas el sonido BioLateral (www.biolateral.com) con los auriculares puestos. Prestas atención a la parte de tu cuerpo en la que sientes la mayor angustia. Le asignas un número entre el 0 y el 10 al nivel de angustia que sientes y el terapeuta te ayuda a encontrar una posición ocular (el “brainspot”): un punto enfrente de ti que tus ojos enfocan de forma natural cuando sientes el dolor en su máxima intensidad.
El terapeuta actúa como un soporte y un facilitador para ayudarte a atravesar despacio y de forma segura la toma de consciencia que se revela en tu interior tras encontrar el brainspot. En cada momento, tú y el terapeuta centráis profundamente la atención en los conflictos que se presentan a través de esta única red neural.
¿Qué aparece? Esto varía en función de la persona y de la sesión. Pueden ser imágenes visuales, recuerdos, algunas palabras, sensaciones en el cuerpo, sonidos olvidados y distintos sentimientos. La cuestión es permitir que acudan a la superficie los vestigios de estas respuestas naturales del trauma y observarlas. La persona tiene la libertad de simplemente experimentar estas asociaciones o de compartirlas verbalmente con el terapeuta sobre la marcha. De cuando en cuando puedes volver a evaluar la angustia y cambiar a otro brainspot.
Al final de la sesión, la valoración del estado de angustia suele ser más baja en la mayoría de las ocasiones y la “sensación sentida” de sufrimiento se ve reducida. El proceso se acompaña de una suave liberación de energía, que puede sentirse físicamente como un cosquilleo, un leve temblor (como el de un escalofrío) o la necesidad de desperezarse. Se trata de la respuesta natural del cuerpo ante la “descongelación” de aquello que retenía del pasado. También es probable que experimentes un alivio mental duradero al darte cuenta de que aquello que llevaba tanto tiempo perturbándote ha dejado de alterarte.
Una sensación de cambio permanece contigo fuera de la sesión, en tu vida cotidiana. Cuando el Brainspotting se administra en el contexto de una relación terapéutica afectuosa, resulta seguro, no invasivo y contenido. En mi experiencia como cliente, este tipo de intervención se asemeja a un preciso rayo láser frente al impacto del mazo que representaban para mí los apabullantes efectos secundarios de la medicación y de la TEC.
El impacto del Brainspotting
El Brainspotting no requiere tanto “revivir el trauma” como “permitir que el trauma salga del recuerdo”. Tras algunas sesiones de BSP, ya no veía las imágenes de aquellos recuerdos perturbadores, ni sentía el dolor, el disgusto y la angustia de cientos de incidentes del trauma. Como resultado, un gran número de las señales y los síntomas del trauma que se hallaban en mi sistema – los estados de ánimo depresivos y fluctuantes, el exceso de ansiedad, los flashbacks y la disociación – fueron resolviéndose gradualmente hasta desaparecer. Incluso los incontrolables temblores del Parkinsonismo terminaron.
Fuera de las sesiones, practicaba prestando atención a lo que sucedía en mi interior en cada momento (lo que se denomina “consciencia plena”). Esto me ayudó gradualmente a poner fin a mi necesidad de disociarme. Mi habilidad para volver a asociar sin peligro pensamientos, sentimientos y sensaciones pasó a convertirse en una forma de ser continua. Nunca viví el Brainspotting como una “técnica” que “me fuera aplicada”. Fui cuidada y apoyada en una relación terapéutica que me ayudó a resolver los dilemas y las perturbaciones que habían surgido en la infancia y que estaban contenidas en cada parte.
También contribuyó a la transformación el hecho de experimentar una relación cercana y segura con un profesional dispuesto a ayudar y que creía firmemente en mi capacidad innata para convertirme en una persona sana e integrada. Esta confianza en nuestra capacidad humana para encontrar la plenitud y la curación mente-cerebro forma parte de la filosofía básica de la Terapia del Brainspotting.
Una parte de la curación tuvo lugar mientras luchaba para encontrar palabras que describiesen los momentos de integración. Empecé a comprender la historia que había contado en terapia durante toda mi vida. Al final, las distintas partes de mí se percataron no sólo de que existía un principio y un desarrollo de la experiencia del trauma, sino también de que podían desempeñar un valioso papel a la hora de ponerle fin a aquel sufrimiento – sin ponerle fin a mi vida – de manera satisfactoria y victoriosa. Todas las partes ansiaban ser heroicamente recordadas por la función que habían desempeñado tan bien durante aquellos años.
Transformar la tragedia de mi vida en un éxito fue una experiencia mente-cuerpo-espíritu profundamente unificadora y feliz. Tras 10 meses de terapia de BSP, encontré mi propio camino hacia la Integración personal en un momento íntimo en mi salón el 24 de abril de 2008 y finalicé la terapia poco después.
En los meses siguientes, dejé de tomar la medicación para averiguar cuáles podían ser mis nuevas necesidades tras la integración. Puesto que mis anteriores síntomas se habían resuelto durante el tratamiento de BSP, no necesité recurrir de forma continua a los fármacos neurológicos o psiquiátricos.
Lo que aprendí de la terapia de Brainspotting
Nunca antes había sentido este nivel de bienestar mental vibrante y seguro. La integración me ha hecho revisar cada aspecto de mi vida personal y mejorar mi rendimiento profesional. El Brainspotting se ha convertido en una herramienta útil de autoayuda. Empleo mi cinta BioLateral favorita y un breve proceso de BSP para relajarme y despejar las pequeñas situaciones problemáticas que me surgen en el día a día.
El BSP ha mejorado mi capacidad de auto-regulación y me ha enseñado lecciones importantes:
- Mi mente-cuerpo-espíritu es un Ser seguro, fascinante y lleno de recursos que está naturalmente “programado para la curación y el bienestar.
- Puedo cambiar mi propia experiencia de angustia en cualquier momento.
- He reestructurado y transformado los estados de ánimo que antaño se asemejaban al Trastorno Bipolar. Puedo detener y cambiar mis sentimientos. Procesar un elemento estresante con el BSP me permite tomar el control y reemplazar la reactividad con una consciencia plena relajada. Mi respuesta a las situaciones se ha vuelto razonable, en lugar de correr el riesgo de escalar hasta síntomas extremos.
El proceso de convertirme en una persona completa e integrada ha sido un recorrido largo que ha merecido la pena. Soy mucho más auténtica, resiliente y optimista. La Integración liberó energía renovada para vivir. Y ahora dispongo de un acceso ininterrumpido a los puntos fuertes y los talentos de mis antiguas partes del self.
Esta sensación de bienestar es el antídoto primordial contra la enfermedad mental y los pensamientos suicidas. Tengo la capacidad de vivir el momento presente con profunda alegría, lo que me lleva a la motivación muy real y natural de tener una vida larga y plenamente sana. Como resultado, he logrado dejar el tabaco, perder bastante peso y tomar el control respecto a la diabetes.
A este estado general lo denomino Bienestar postrauma.
Conclusión
Al echar la vista atrás, puedo entender cómo ayudó el BSP cuando la terapia verbal dejó de ser útil. Un enfoque cognitivo-conductual suele exigir un procesamiento de la información de fuera hacia dentro. A menudo esto saturaba mi sistema, ya de por sí desbordado y estimulado en exceso. Como la superviviente de trauma que era, ya sucedían demasiadas cosas dentro de mí. El tener que cumplir con la expectativa de seguir un procesamiento conductual o mental específico o de describir experiencias para las que no existían palabras sencillamente no lograba aliviar mi angustia de la misma forma que el tratamiento de BSP.
Hubo un tiempo en que creí a las personas que me dijeron que yo no tenía arreglo. Ahora creo en mí misma, porque he logrado poner fin a un ciclo de enfermedad física y mental crónica para convertirme en un miembro de la sociedad sano y feliz, con mucho que aportar.
En mi opinión, la razón de que me dieran diferentes diagnósticos reside en que el trauma puede causar muchos síntomas diferentes de enfermedad mental. El sistema de salud mental se dedica a ayudar a gente que vive con el sufrimiento creado por traumas sin resolver. La terapia verbal tradicional y el tratamiento farmacológico pueden ayudar y sustentar el proceso de recuperación, pero los enfoques neurofisiológicos como el Brainspotting extienden los límites del tratamiento hasta el ámbito del bienestar.
Espero que los investigadores y los profesionales exploren el potencial de resultados positivos que ofrecen el descubrimiento del brainspot y esta práctica prometedora que es el Brainspotting. Este nuevo camino podría llevarnos desde el restrictivo enfoque orientado a la enfermedad hasta una plena competencia de ayudar a los supervivientes del trauma a encontrar el bienestar que los aguarda en su interior.
Notas
Respecto a los métodos terapéuticos: La historia del trauma y los mecanismos de afrontamiento de cada persona son únicos así como la relación entre cada cliente y su terapeuta. Por lo tanto, los comentarios respecto a los métodos que esta autora y su psicoterapeuta emplearon en el transcurso de la terapia tienen como objetivo insuflar esperanza e invitar al debate. No pretende prescribir un proceso específico que prediga los resultados de cada caso. Animo a los supervivientes del trauma a que escojan cuidadosamente a los profesionales de la ayuda que crean en su capacidad para encontrar el bienestar y a que desempeñen un rol activo como colaboradores en su tratamiento y expertos en su propio proceso de curación. Este artículo no es una defensa de todos los profesionales que hayan recibido formación en Brainspotting.
Respecto al Uso de este Artículo: No está permitida la venta de este artículo. Los consumidores y los profesionales tienen el permiso de reproducir este artículo en su integridad con la condición de mencionar a la autora y el copyright. Para los permisos relativos a cualquier otro uso, por favor, se puede acceder a www.heartresources.net.
Respecto a la autora: Katherine F.H. Heart, poseedora de un máster en educación, es escritora, educadora de salud y asesora de becas. Es la autora de “TELLINGS: From Wound to Wellspring” (2) (Outskirts Press, 2008) donde narra su viaje hacia la curación antes del Brainspotting. La empresa con fines sociales de Katherine, Heart Resources, LLC, ha recaudado millones de dólares en financiación de becas para encontrar soluciones innovadoras frente a los desafiantes problemas de salud mental y salud comunitaria. Acude a los talleres de formación de terapeutas para hablar sobre la curación de la disociación y del trauma. Se puede encontrar información sobre su próximo libro: A JOURNEY TO JOY: Healing Dissociation and Finding Integration with Brainspotting (3) y acceder a su blog “On the Path” (“En el camino”) en www.post-traumawellness.com.
(1) Máxima categoría de competición deportiva de la liga universitaria de Estados Unidos (N. de la T.)
(2) Este libro no ha sido traducido al castellano pero el título en inglés vendría a significar: “REVELACIONES: De las heridas hacia la fuente de bienestar”. (N. de la T.)
(3) Este libro no ha sido traducido al castellano pero el título en inglés vendría a significar: “UN VIAJE HACIA LA ALEGRIA: Curar la disociación y encontrar la integración con el Brainspotting”. (N. de la T.)
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