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Carlo Moiso.
Médico, Psicólogo, Psicoterapeuta. Analista Transaccional, Miembro Didáctico y Supervisor de la ITAA-EATA. Profesor del Instituto Galene. Premio Eric Berne. Director de Il Laboratorio Transazionale. Roma. |
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En el curso de cinco últimos años, la investigación teórica y clínica en el Instituto de A.T. de Roma, se ha consagrado al análisis de los aspectos transferenciales y contratransferenciales del tratamiento de los pacientes narcisistas y borderlines. Explorando la dinámica subyacente a las transacciones de transferencia que se producen en el curso de una terapia con Análisis Transaccional, he constatado que existen dos tipos diferentes de transferencia. El primero se funda en la proyección de material incorporado a partir de fuentes externas: es la transferencia del P2. El segundo se basa en la proyección de un material arcaico derivado de las introyecciones objetales del yo infantil: es la transferencia del P1. El primer tipo se encuentra en los pacientes nerviosos (neuróticos), en ellos, la expresión del material transferido indica la presencia de un proceso de pensamiento secundario. El segundo tipo se caracteriza por una regresión al mundo del pensamiento primario, que se expresa ante todo de manera indirecta por las fantasías, los sueños, los lapsus, y de manera directa por los acting-outs. Este segundo tipo es el que se encuentra en los pacientes narcisistas y borderlines.
Que quede claro, todo paciente es susceptible de regresar en el curso de su terapia. No obstante, cada tipo de transferencia caracteriza una categoría de diagnóstico. Si bien las proyecciones del P2 y del P1 tienen ambas un carácter regresivo, esto es completamente diferente en lo que concierne al uso del material proyectado y al proceso de pensamiento al cual la transferencia es accesible. En la transferencia del P2, el cliente neurótico invita al terapeuta a reforzar su Guión provocando una reacción de un Padre Crítico o de un Padre Nutritivo negativo o, al menos, una reacción que él podrá interpretar como tal. Este Padre representa para él un objeto externo introyectado. En la transferencia del P1, el paciente percibe al terapeuta, y también a la protección, como un objeto interno omnipotente, o destructor de un modo sádico.
En el contexto del Análisis Transaccional, es Berne el primero que se ha dedicado al análisis de la transferencia. En Análisis Transaccional en psicoterapia, afirma que «los Guiones pertenecen al dominio de los fenómenos de transferencia». En Principios del tratamiento en grupo, a propósito de la imagen de grupo, insiste sobre la idea de la investigación de los roles transaccionales, funcionales y libidinosos que los otros participantes, y sobre todo el terapeuta, desempeñan para el paciente, «como se deduce de un análisis minucioso y sistemático de sus reacciones transaccionales». Este enunciado fue para mí una invitación a analizar la psicodinámica de mis pacientes, y además la de sus transacciones de transferencia (fig. 1).
Después pase al análisis de la relación de transferencia. Ésta se definió clínicamente como una relación en la que el paciente proyecta sus propios Estados del Yo parentales (P2 o P1) sobre el terapeuta, con el fin de reexperimentar relaciones padres-niño pasadas o relaciones de objeto primitivas. Estas relaciones son proyectadas sobre una pantalla puesta «en sobreimpresión» delante del terapeuta (Niño —> mensajes parentales proyectados) (fig. 2).
En el trabajo clínico he constatado que el análisis del Padre proyectado preconscientemente (P2) y del Padre proyectado inconscientemente (P1) es un componente vital del tratamiento del Guión. Creo que este análisis es fundamental para llegar a ser plenamente consciente de los límites entre uno mismo y los otros, es decir de las propias proyecciones.
La observación de estos procesos conduce a tres generalizaciones:
1. El «drama de transferencia» es una adaptación especial del Guión que se manifiesta en la terapia de Guión con la apariencia de una forma especial de relación de transferencia.
2. El material proyectado sobre el terapeuta puede ser una introyección preedípica (P1) o postedípica (P2).
3. Para alcanzar la cura a nivel estructural, es decir para acceder a una identidad Adulta estable a través de la reestructuración de los Estados del Yo anteriormente deteriorados, a menudo es indispensable analizar y resolver la relación de transferencia entre el paciente y el terapeuta. Esta resolución es indispensable para que el paciente comprenda las razones y las motivaciones de sus elecciones, y desarrollar la capacidad de seleccionar las mejores opciones realizables, así como de elaborar eficazmente la frustración ligada a las opciones no realizables.
RESUMEN DE LA TEORIA ESTRUCTURAL
Desde un punto de vista estructural, como he dicho antes, hay dos Estados del Yo que pueden ser proyectados: El P1 y el P2. El P2 resulta de la introyección de las figuras paternas completas, es decir, con su Padre, su Adulto y su Niño. Este proceso es posterior a la resolución del conflicto edípico y a la puesta en marcha de los procesos de pensamiento secundarios. Es por esto por lo que la proyección del P2 esta presente y activa en los pacientes neuróticos. Durante el tratamiento analítico transaccional esta proyección será abordada por varias vías implicando la conciencia y el pensamiento del Adulto: confrontaciones de descuentos, análisis de los juegos, de los Estados del Yo, etc. Todo esto es posible porque estos pacientes desarrollan una transferencia que no deteriora el pensamiento del A2.
El Estado del Yo P1 es una estructura muy arcaica parece remontarse al comienzo de la vinculación simbiótica a la madre. En el curso de las fases de vinculación, desvinculación y revinculación, el Niño forma una estructura Parental (P1) dividida en dos subestructuras (P1+ y P1-). Estas dos subestructuras estarán más o menos integradas y tenidas en cuenta por la conciencia dependiendo de la eficacia del parentamiento maternal en la época de la separación - individuación. Por tanto es teóricamente correcto postular que P1 se compone de relaciones de objeto interiorizadas, y que la división entre buenos y malos objetos (P1+ y P1-) es una fase de su desarrollo en relación con la falta de capacidad de integración del A1. Esta hipótesis es coherente no solamente con la teoría psicoanalítica de las relaciones de objeto, sino también con la teoría transaccional que considera el Padre en el Niño como una estructura puesta en marcha por el niño mismo, en respuesta a las elaboraciones que el Pequeño Profesor y el Niño Somático hacen a propósito de las reacciones parentales. Además esta separación entre «bueno» y «malo» fue también reconocida por Berne en su contraposición entre «Hada Buena» y «Bruja».
Esta convergencia permite establecer el vínculo preciso entre el análisis estructural en A.T. y la teoría psicoanalítica de las relaciones de objeto. De esta manera es posible aplicar el enfoque transaccional a las personalidades narcisistas y borderlines, cuando el uso de otros aspectos del A.T. con patologías estructurales arcaicas apenas daban resultados satisfactorios.
TEORIA CLINICA
En la perspectiva clínica, la escisión del P1 en P1+ y P1-, que es en principio una etapa normal del desarrollo y después el resultado de una falta de integración, es una división defensiva que protege al Adulto (A2) de conflictos intrapsíquicos, manteniendo separadas las introyecciones y las identificaciones de carácter libidinal de aquellas que tienen un carácter agresivo. Las personalidades borderlines mantienen esa escisión defensiva activando alternativamente los Estados del Yo P1 contradictorios, las personalidades narcisistas recurriendo a un mecanismo de negación del P1-. Esta escisión es una defensa indispensable para evitar una angustia extrema, consecutiva a una ambivalencia insoluble.
La persona que no ha integrado P1+ y P1- tiene tendencia en la terapia a proyectar sobre el terapeuta la una o la otra de estas estructuras. En el caso del narcisismo, por ejemplo, el cliente comienza por proyectar P1+ para formar un pseudovínculo que, debido a que es incapaz de depender de sus objetos interiorizados, le es necesario satisfacer su tendencia a idealizar al terapeuta de quien espera obtener gratificaciones narcisistas.
Es preciso destacar a este respecto que, para este tipo de personalidad, el P1+ que el cliente proyecta sobre el terapeuta es una imagen idealizada de sí mismo, construida y asumida a modo de sustituto de la imagen actual de su madre. Es completamente diferente de la idealización de un verdadero Padre Nutritivo, que es el testimonio de una madurez bastante avanzada.
En el caso del narcisismo, en la primera fase de la terapia no hay proyección del P1- el narcisista usa la negación como mecanismo de defensa contra esta subestructura. En el caso de la organización borderline de la personalidad, la negación es alternativa, porque el paro evolutivo tuvo lugar más pronto que en la personalidad narcisista, es decir, cuando P1+ y P1- podían todavía ser catectizados alternativamente y dar la impresión de un único P1 que toma el aspecto tanto enteramente bueno, como enteramente malo. Por lo tanto el cliente borderline proyecta alternativamente P1+ y P1-. P1+ es proyectado por el deseo de obtener una fusión simbiótica con un Padre idealizado «completamente bueno» y omnipotente para ser protegido contra el objeto «malo». En términos de A.T. diríamos que busca en el espejo la imagen de su propia Hada Buena para ser defendido contra su propia Bruja. La proyección del P1- sirve para exteriorizar el yo agresivo «totalmente malo» y las imágenes objetales del mismo tipo. El paciente reaccionará contra el terapeuta con rabia, y posiblemente con violencia, a causa de la percepción proyectiva del terapeuta como peligroso, punitivo y ausente física y emocionalmente.
La consecuencia de la relación transferencial tanto para las patologías borderline como para las narcisistas, en las que el P1 no ha sido integrado, es la resistencia de ambas al reparentamiento y al trabajo proyectivo del tipo: «Pon a tu madre en esa silla y háblale». La falta de integración del P1 engendra, frente a estas técnicas, una ansiedad extrema. En el caso del cliente borderline porque la escisión se remonta a un estadio muy arcaico del crecimiento, donde las fronteras de Yo no han sido estabilizadas todavía. Y en el caso de los clientes narcisistas, porque su «grandiosidad» se extiende hasta englobar al terapeuta.
El estudio de estas resistencias condujo al desarrollo de lo que llamamos el «Enfoque Psicodinámico en A.T.». En este enfoque, el terapeuta acepta una relación pseudosimbiótica de transferencia y analiza cuidadosamente, en detalle, con el cliente, los mensajes ulteriores que le dirige (transacciones de transferencia), con el fin de poner de relieve la naturaleza exacta de la relación de transferencia y el contenido de la estructura parental proyectada (P1 o P2). El terapeuta debe vigilar cuidadosamente sus reacciones y transacciones contratransferenciales, sobre todo para comprender el proceso y la significación de los esfuerzos del cliente para «forzar al terapeuta a comportarse exactamente como el paciente tiene necesidad de verlo». Esta imagen puede ser la de sus padres reales, la de sí mismo idealizado que el desearía dar como padre, la de un padre insignificante, la del padre principal, la de un padre múltiple, o de cualquier otro aspecto del contenido estructural de la estructura parental proyectada.
En términos de A.T., comenzamos por el análisis de las transacciones, luego pasamos al análisis de los juegos y del circuito parasitario con vistas a identificar los aspectos transferenciales y a reapropiarse del material proyectado. Después de que el paciente ha alcanzado una comprensión A2 del proceso presente en el contexto terapéutico y del Guión, procedemos al trabajo de redecisión. Con las psicosis de transferencia, que es una complicación característica del tratamiento de los pacientes con una organización borderline de la personalidad, usamos el reparentamiento.
Un aspecto muy rico e importante del abordaje psicodinámico de A.T. es el análisis de la contratransferencia. Durante la supervisión de los terapeutas en formación avanzada y en las reuniones del staff, hemos encontrado que las reacciones de transferencia reflejan los problemas del paciente mucho más que cualquier aspecto específico del Guión del analista. Nuestro método general consiste en presentar al paciente la respuesta emocional del terapeuta cuidadosamente, actuando de manera deliberada como un «espejo activo de transferencia». Este proceso favorece a la vez el establecimiento de transacciones Adulto —> Adulto y la reapropiación del material proyectado. Hay dos tipos principales de reacciones contratransferenciales: identificación del terapeuta con el Estado del Yo del paciente que efectúa la proyección, y/o identificación del terapeuta con el Estado del Yo proyectado por el paciente. Estos resultados corresponden a los conceptos de «identificación concordante» e «identificación complementaria» de Racker. El principio es que cuanto más esté el paciente experimentando los impulsos primitivos de N1, más los sentirá el terapeuta (identificación concordante), y más reaccionará luchando contra ellos con su propio P1 o P2 (identificación complementaria). Estos fenómenos son, para el analista transaccional experimentado, una ocasión preciosa para ayudar a su paciente a cambiar su Protocolo del Guión efectuando en su N2 los cambios estimulados por la experiencia correctiva de la situación de tratamiento.
La meta final del trabajo, tanto con las transferencias del P1+ como con las del P1-, es permitir que el paciente reconozca e integre P1+ y P1- en un solo P1, en el que los aspectos «negativos» y «positivos» existan juntos. Este proceso permitirá después el trabajo redecisional necesario para resolver los problemas conectados con el funcionamiento inadecuado de P2 y A2. La señal dinámica y relacional que es la evidencia de que la meta ha sido alcanzada, viene dada por la nueva capacidad del paciente de continuar amando a la persona por la que, en un momento dado, sintió rabia.
ASPECTOS CLINICOS: LOS DIFERENTES TIPOS DE TRANSFERENCIA LA TRANSFERENCIA DEL P2 (Fig. 3)
En este tipo de transferencia el paciente proyecta los Estados del Yo de los padres reales en una pantalla que él pone delante del terapeuta. Expresa exteriormente el diálogo interno entre su P2 y su N2. Revive entonces frente al terapeuta los sentimientos característicos de su relación original con sus figuras parentales, y pone en práctica reacciones parecidas: Manifiesta las mismas necesidades y se dedica a los mismos juegos y manifestaciones parásitas que los que experimentaba en su relación con las figuras parentales.
En esta situación podemos identificar una transferencia negativa cuando el paciente, poniendo en marcha juegos con el terapeuta, intenta obtener las mismas frustraciones que recibió ya de sus verdaderos padres. Hace esto activando aquellos procesos destinados a promover las experiencias que perpetúen su Guión y, por supuesto, al mismo tiempo obtener el mismo tipo de caricias condicionadas que lo refuerzan. De manera análoga podemos identificar la transferencia positiva cuando el paciente busca obtener aquellos permisos y caricias del terapeuta que no recibió de su entorno original. El enfoque terapéutico exige un análisis atento de las transacciones así como de las funciones del sistema parasitario. En este punto, el paciente reacciona emocional y comportamentalmente más a su propia proyección que al comportamiento real del terapeuta. La estrategia terapéutica comportará necesariamente poner en evidencia y resolver un impasse de primer grado, o un impasse de adaptación, que se manifiesta por un impasse en la relación con el terapeuta.
Ejemplo clínico:
Felipe: «Hoy me siento verdaderamente hundido. Dime que puedo hacer.»
Terapeuta: «¿Qué es lo que tu quieres hacer al respecto?»
Felipe: «¡Ya estamos otra vez! ¡Siempre tengo que hacerlo todo por mí mismo!» (Transacción de transferencia, del Niño al Padre proyectado). (En este momento Felipe ha redefinido la respuesta en función de su distorsión proyectiva, con la que percibe la respuesta como viniendo del Padre del terapeuta.)
Terapeuta: «Felipe, siéntate aquí e imagínate que tu Padre está sentado en la silla de enfrente.»
Felipe: (N sentado frente a P) «Hoy realmente me siento hundido.»
Terapeuta: «Repítele que te sientes hundido hasta que sepas lo que te responde.»
Felipe: «Es mi padre.»
Terapeuta: «Escucha lo que responde.»
Felipe: (Cambia de silla) «Debes resolver los problemas por ti mismo. ¡Un hombre no debe ser dependiente de los otros!»
Terapeuta: (Inicia un trabajo de redecisión, reexperimentando la situación, primero expresando rabia, luego su miedo, y finalmente pidiendo ayuda).
Felipe: (Recibe permiso para pedir abiertamente lo que desea reconociendo que lo puede hacer incluso si su padre no se lo permite por sus propias limitaciones y por su Guión.)
Terapeuta: «Felipe, ahora analicemos juntos (reforzando el permiso) las transacciones con las que empezaste tu trabajo.» (Aquí procede a clarificar el fenómeno de la transferencia con la ayuda del esquema de la figura 3).
Transferencia de P1, tipo A (P1+) (Fig. 4)
Aquí el paciente proyecta la imagen del Padre (P1+) omnipotente ideal en el terapeuta. A menudo ésta es una imagen de sí mismo fijada hacia la culminación de la fase de narcisismo normal. Es por eso que este tipo de transferencia es tan normal en las personalidades narcisista.
En la transferencia del P1+, el paciente descuenta la personalidad real del terapeuta en un esfuerzo por evitar darse cuenta de las deficiencias del terapeuta, como una forma de protegerse a sí mismo, de confrontar sus propias necesidades y la desesperación conectada con un sentimiento de abandono. Entonces él proyecta en el terapeuta un self omnipotente completamente bueno, fuente de gratificación inmediata y eterna, así como un modelo absoluto que él puede alcanzar. El enfoque terapéutico, al menos en la primera fase de la terapia, está basado en ayudar al paciente a reapropiarse del P1+ que él proyecta en el terapeuta. Esto evita una reacción de escape que podría seguir a la desaparición del objeto bueno (P1+) con la persistencia de un objeto malo (P1-) y con el consiguiente desamparo del N1. El mecanismo de una tal reacción de huida reposa en el hecho de que el paciente, proyectando su P1+, entra, de hecho, en una relación simbiótica. Si el terapeuta no acepta la proyección, rechazando así la simbiosis, el paciente se encontrará sin protección frente a su destructivo P1-. Entonces puede percibirse a sí mismo como «horrible», «peligroso» o «despreciable» (P1-). A causa de su sentimiento de abandono, su defensa consiste en ver al terapeuta bajo una perspectiva enteramente favorable.
La proyección del P1+ y la simbiosis resultante, son por tanto ante todo protecciones del paciente quien, sólo aparentemente, está buscando la perfección en el terapeuta. En realidad está buscando un espejo de y para su propia perfección, para protegerse a sí mismo de sus propios impulsos agresivos. La grandiosidad de esta proyección defensiva se manifiesta generalmente por una idealización del terapeuta. Si se le confronta demasiado pronto y demasiado bruscamente el juego «Es Ud. Maravilloso, Profesor» da como resultado un abandono defensivo de la terapia. Si el terapeuta renuncia a ser percibido como el Sr. Murgatroid, falla en su función de espejo transferencial para el paciente.
En conclusión, la terapia en esta fase estará dirigida a ayudar al paciente a reforzar las defensas narcisistas sin dañar su idealización del terapeuta.
Ejemplo clínico:
Este ejemplo está compuesto de dos fases distintas en la terapia de un paciente narcisista. En la primera fase, alrededor de cuatro meses después del comienzo de la terapia, había una transferencia de P1+. La estrategia terapéutica fue reforzar las defensas del cliente para permitirle recobrar un cierto equilibrio narcisista. En la segunda fase apareció la transferencia del P1- y será ilustrada por el ejemplo siguiente.
Maximiliano: (Mirando al terapeuta) «Te veo siempre en forma y nos comprendes siempre.» (Observar la negación de las consecuencias presentes de los mandatos «No seas sano» y «No existas», el espejo transferencial refleja la activación de un self grandioso).
Terapeuta: «Max, ¿qué nos muestras de ti diciendo eso?»
Maximiliano: «OK, que yo también estoy en buena forma, y que soy una persona amable» (transacción de transferencia).
Terapeuta: «Esas son ciertamente dos cualidades buenas y útiles. Piensa en esas cualidades que tú tienes y que te mantienen en buena forma y capaz de comprender a los otros.» (Refuerzo de las defensas narcisistas).
Maximiliano: «Me gusto y me respeto a mí mismo. Siempre he sido así.... desde que era un chiquillo.»
(Posteriormente, el trabajo regresivo ha confirmado nuestra hipótesis de que el paciente no era aceptado por su madre en la fase de reaproximación (reattachment). Así es como el puso en marcha una imagen grandiosa de sí mismo por la persistencia de la auto imagen omnipotente de la fase de separación (detachment).
Transferencia del P1, tipo B (P1-) (Fig. 5)
La transferencia del P1- se manifiesta por formas bruscas de actuación (acting) regresivas en las que, por regla general, las transacciones van directamente del N1 al P1- proyectado. En esta situación el paciente proyecta en el terapeuta la polaridad P1- de su diálogo entre su N1 y su P1. En consecuencia lo inviste de todas las emociones negativas reavivadas en su N1 por la presencia del P1-.
Entonces el terapeuta es percibido como un objeto sádico, completamente malo, la fuente de las más serias frustraciones, y por tanto el objeto de la cólera y la violencia. La meta terapéutica, trabajando con este tipo de transferencia, requiere que el paciente se reapropie del objeto malo proyectado sin dar libre curso a su «destructividad».
Como ejemplo clínico usaremos el mismo caso que usamos para ilustrar la transferencia de P1+ tipo A
Después de un año de terapia, el cliente se da cuenta del vacío afectivo de su vida. Entonces la estrategia terapéutica fue confrontar sus defensas y las actuaciones (acting out) que usaba para evitar su sufrimiento con el fin de ayudarle a tomar contacto con sus sentimientos de rabia vergüenza y culpa y finalmente ayudarle a aceptarlos.
Ejemplo clínico:
Maximiliano: (Al terapeuta con rabia) «En este grupo entiendes a todos menos a mí.» (Transacción de transferencia).
Terapeuta: «Repítelo dejando salir tus sentimientos.»
Maximiliano: (Con rabia) «¡Eres una vergüenza para tu profesión! ¡Eres un chulo de mierda! ¡No te importa nada! ¡Me largo de esta terapia!»
Terapeuta: «Maximiliano, no sólo me estás descontando profesionalmente, sino que estás destruyendo la imagen que de mí llevas dentro de ti. No hagas esto y pide lo que tú quieres.»
Maximiliano: «Necesito ayuda.»
Terapeuta: «¿De quién?»
Maximiliano: «De ti.»
Terapeuta: «Repíteme ‘Necesito que me ayudes’, hasta que entres en contacto con lo que sientes.»
Maximiliano: (Lo hace y llora).
Terapeuta: «Comprendo tu sufrimiento cuando descubres que no puedes hacer todo por ti mismo. Y es bueno saber que tú, como todos los seres humanos, tienes necesidad de dar y recibir amor. (El inciso ‘como todos los seres humanos’ es pronunciado con un tono de voz diferente al resto de la frase. Esto se hace para dar el Permiso de ser como los demás, que es vital la terapia del narcisismo y es también un ejemplo de experiencia correctiva de la que mencionado antes.)
CONCLUSIONES
Darse cuenta de los distintos mecanismos de transferencia permite al analista transaccional manejar correctamente las transacciones que el paciente tiene con él. El objetivo es desarrollar un enfoque suficientemente poderoso para actuar directamente sobre la estructura y no sólo sobre las manifestaciones externas del Guión. Esto es esencial en el tratamiento efectivo de la organización borderline de la personalidad y en el narcisismo patológico. Debería recordarse que los dos tipos de transferencia son estructuralmente diferentes aunque sus manifestaciones funcionales puedan ser similares. En la transferencia del P2, el material proyectado ha sido incorporado del mundo exterior (los padres reales). En la transferencia del P1, el material proyectado ha sido incorporado, así como el analista, representa una parte del self grandioso del paciente (P1+ en las personalidades narcisistas) y una parte del self primitivo y de las representaciones de objeto primitivas (P1- y P1+ en la condición borderline y en los narcisistas en regresión).
Para tratar estos pacientes con eficacia es por tanto importante dejarles establecer una relación de transferencia con el terapeuta. La proyección transferencial es una condición necesaria para establecer tal relación. Esta relación se caracteriza por la proyección en una figura física que es percibida por el paciente como significativa en el diálogo interno Niño - Padre. La forma y el contenido de la relación provienen de un diálogo interno del que la persona no es consciente. La persona revive una Gestalt inacabada con las figuras parentales, proyectadas tal como ella las incorporó (transferencia preconsciente del P2), o reexperimentando las mismas experiencias de apego, desapego y reapego que condujeron a la formación del P1 (transferencia inconsciente del P1). En este caso el Padre proyectado puede ser completamente bueno (P1+) o completamente malo (P1-). Quiero resaltar que cuanto más severo sea el diagnóstico, más carga emocional será investida por el paciente sobre el terapeuta cuando se produzca la proyección. Una piedra angular del éxito con las patologías severamente regresivas es el uso del material contratransferencial.
Esto requiere tener permiso para tener contratransferencia y para analizarla. En esta perspectiva, usar el enfoque psicodinámico del A.T. requiere el reconocimiento de reacciones específicas a los diversos mensajes transferenciales. De esta manera podemos saber, por ejemplo, cuándo confrontar y cuándo apoyar o cuándo y cómo reparentar siguiendo las fases de la estrategia terapéutica. Por otra parte, podremos evitar intervenciones (P.e. la confrontación demasiado clara de un comportamiento parásito o de una grandiosidad) que parecen apropiadas en un momento dado pero que no tiene en cuenta las necesidades específicas relacionadas con el problema de crecimiento manifestado por un tipo determinado de proyección transferencial.
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